Cuando Metal Extremo me propuso cubrir la presentación en directo de los barceloneses Larghrana, lo primero que pensé fue escuchar su disco debut, Silhouettes of Absence, para ver qué tal defendían su trabajo en vivo. Sin embargo, cambié enseguida de opinión y decidí ir al concierto completamente virgen, sin que la producción de estudio condicionara la escucha, cosa que me ha sucedido en demasiadas ocasiones y que obviamente tiene sus pros y sus contras.

Así pues, me planté a las 9 de la noche en la pequeña y acogedora Sala Continental del barrio de Gracia sin haber escuchado ni una nota de la música de la banda. Lo único que sabía era que la experiencia iba a estar ligada de algún modo al black metal, cosa que hoy en día no aporta mucho dado el vasto universo de subestilos que conforman cada rama principal del metal extremo. La infinita variedad y permeabilidad de la música dentro del metal pone en cuestión muchas veces el sentido de las etiquetas, pero a mí me sirven para hacerme una idea de lo que voy a escuchar o para intentar describir un determinado sonido. Hablo por supuesto de las principales: thrash, death, black, doom…; luego la cosa puede llegar a complicarse mucho.

Tras un pequeño retraso, abrió la noche Ginebra Raventós, una artista que experimenta con la fusión entre poesía, imagen y sonido. La verdad es que como telonera resultó de lo más original, aunque confieso que su propuesta está más allá de mis conocimientos y no me atrevería a hacer una crítica seria. Me pareció interesante la parte sonora de su experimento, un ambient electrónico minimalista y oscuro; por lo que respecta a la parte lírica, creo que costaba un poco entender las palabras si no conocías de antemano los versos, como era mi caso. No sé si se debió a la mezcla, a una excesiva superposición de efectos sonoros o a ambas cosas. Al día siguiente estuve revisando este aspecto en un vídeo de YouTube en el que se escuchaba todo perfectamente y me pareció una experiencia bastante más estimulante. Si escucho música metalera, no le doy mucha importancia al hecho de no entender las letras, pero si alguien recita poesía en un idioma que comprendo, sí necesito distinguir perfectamente las palabras.

Tras esta actuación, los músicos de Larghrana subieron al escenario y se empezaron a preparar para la actuación. Mientras ultimaban detalles, llegó para mí la primera y grata sorpresa: en un lateral apareció una figura femenina vestida con una túnica blanca con capucha. Enseguida entendí que era la vocalista. La proporción de mujeres en el mundo metalero ha aumentado considerablemente en los últimos años, pero no lo suficiente como para desterrar ciertos prejuicios.

La vocalista de Larghrana, uno de los grandes focos de atención de una actuación marcada por la intensidad y la carga emocional.
La vocalista de Larghrana, uno de los grandes focos de atención de una actuación marcada por la intensidad y la carga emocional.

Y por fin dio comienzo el concierto. Tras unos versos recitados con voz limpia aunque inquietante estalló la tormenta: riffs pesados, melodías nostálgicas y una sección rítmica aplastante introdujo a la escasa audiencia en las sonoridades atmosféricas del post-black metal. En medio de todo ello emergió una fuerza de la naturaleza que nos destrozó a todos con voz desgarradora y salvaje. La verdad es que desde el primer chillido me cautivó y tuve que hacer serios esfuerzos por atender al resto de elementos musicales. Esa mujer tiene una presencia, un magnetismo y unas facultades vocales fuera de lo común. Transmitía tal desesperación y melancolía en medio de aquel muro sónico apabullante que me encogió el corazón. Me di vuelta para conectar visualmente con la persona que me acompañaba y vi en su mirada que no eran imaginaciones mías. Ignoro aún qué dicen las letras, pero ahí de pie, viendo y escuchando todo aquello, me sentí completamente solo y asustado, a merced de fuerzas que no alcanzaba a comprender. Sé que suena grandilocuente, pero no puedo explicarlo de otro modo.

Afortunadamente, uno está curtido en mil batallas y tomé la determinación de sobreponerme a ese cúmulo de emociones. Después de todo, había ido allí a cubrir un evento para luego hacer una crónica. Se me antojó casi un insulto pensar en esas cosas prácticas y mundanas mientras no podía apartar la mirada de esa elfa oscura que nos estaba llevando a todos al borde de la desesperación.

Sin embargo, me serené y me puse a escuchar qué tal sonaba lo que salía por la P.A. Viendo cómo se movían los dedos de los guitarristas y el bajista, supe que me estaba perdiendo algo, aunque al no tener una referencia previa no podía saber si la cosa era grave o no. La potencia vocal de la cantante añadió mucha presencia a la voz pero sin tapar a los otros instrumentos. En cuanto a la batería, me sonó un tanto embarullada por momentos, pero distinguía razonablemente bien los diferentes elementos en los momentos de blast-beat más furiosos. Teniendo en cuenta que no es nada sencillo que estos estilos que nos gustan suenen en directo con la suficiente nitidez, creo que el sonido fue correcto sin ser una maravilla.

Larghrana sobre el escenario de la Sala Continental durante la presentación en directo de Silhouettes of Absence.
Larghrana sobre el escenario de la Sala Continental durante la presentación en directo de Silhouettes of Absence.

Debo decir que al día siguiente lo primero que hice al levantarme fue escuchar el disco para recuperar lo vivido la noche anterior. Pude comprobar que, en efecto, los temas tienen mil y una sutilezas que no pude apreciar en vivo, pero en cambio, la experiencia emocional no fue tan intensa. Es por ello que hay que ir a escuchar música en directo, porque si la banda se entrega como lo hizo Larghrana, te da algo que jamás podrá ser grabado en una pista de audio.

El resto del concierto transitó por los mismos derroteros: introducciones recitadas —a veces incluso susurradas— que producían escalofríos, alaridos desolados, explosiones sonoras aterradoras, pasajes musicales densos y emotivos… en fin, todos los ingredientes que uno espera encontrar en un concierto de black metal de estas características.

El batería de Larghrana durante el debut de la banda en Barcelona, sosteniendo con precisión los pasajes más intensos y los momentos de mayor violencia rítmica del concierto.
El batería de Larghrana durante el debut de la banda en Barcelona, sosteniendo con precisión los pasajes más intensos y los momentos de mayor violencia rítmica del concierto.

Teniendo en cuenta que era la primera actuación de la banda, fueron tres cuartos de hora muy prometedores. Salí de ahí aturdido, con la sensación de haber sido arrollado por una fuerza oscura y desconocida. Sin duda, grandes cosas le esperan a Larghrana si siguen por este camino, adquiriendo experiencia y vaciándose por completo encima del escenario. 

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