Hay discos que encuentras porque llevas semanas esperando su salida. Otros porque el algoritmo insiste hasta el hartazgo. Y luego están esos trabajos que aparecen de repente, casi como una anomalía entre recomendaciones, thumbnails y canales de YouTube dedicados al underground más enfermizo. No recuerdo exactamente por cuál de los canales a los que estoy suscrito me llegó este álbum, pero sí recuerdo perfectamente el momento en el que vi la portada. Esa mezcla de caos rojo y azul, esa especie de colapso cósmico devorándolo todo… imposible no hacer clic.
Y entonces apareció el nombre.
Eximperituserqethhzebibšiptugakkathšulweliarzaxułum.
Probablemente el nombre de banda más largo y absurdo que he visto jamás dentro del death metal. Y eso ya es decir bastante. Pero lo mejor es que el grupo parece disfrutar llevando ese delirio hasta el extremo absoluto, porque cuando empiezas a revisar los títulos de los temas la situación se vuelve directamente surrealista.
Uno de los temas instrumentales podría traducirse perfectamente como algo parecido a:
“Desintegración molecular de una voluntad solitaria inalcanzable en un recipiente de sabiduría como resultado de la aspiración del alma a romper el conjunto resumido de ilusiones de la razón en el curso de una experiencia personal de aceptación de la imperfección del mundo y prueba de que el tiempo elimina lo frágil y deja lo invulnerable.”
Una auténtica locura. Pero dejando a un lado toda esta extravagancia conceptual y yendo realmente a lo importante, aquí hay una verdad innegable:
Meritoriousness Of Equanimity es un álbum absolutamente brutal.
Lo que nos encontramos aquí es un death metal de una manufactura enfermizamente cuidada. Un trabajo donde la brutalidad convive con estructuras técnicas muy elaboradas, sin caer jamás en el exhibicionismo vacío. Todo tiene sentido dentro del caos. Todo está colocado con una intención concreta. Y sobre todo, todo está envuelto en una atmósfera oscura y absorbente que te termina arrastrando sin darte cuenta.
Es de esos discos que empiezas “solo para probar” y acabas escuchando entero del tirón. No puedes salir fácilmente de él. Te atrapa poco a poco. Hay algo hipnótico en su forma de construir tensión, en cómo las guitarras parecen abrir grietas heladas entre capas de disonancia y violencia.
Las referencias más inmediatas que se te van a venir a la cabeza seguramente serán Immolation o Nile. Especialmente por ese equilibrio entre brutalidad sofocante y técnica extremadamente trabajada. Pero aquí también hay algo más contemporáneo, algo que conecta directamente con la sensación que producían los primeros Blood Incantation: esa capacidad de sonar originales, de crear composiciones densas y absorbentes que parecen tener vida propia.
Las guitarras son directamente escalofriantes. No buscan simplemente riffear rápido o sonar pesadas; buscan generar incomodidad, tensión, vértigo. La batería, por su parte, es monstruosa. Precisa, agresiva y dinámica, sosteniendo constantemente esa sensación de colapso inminente que atraviesa todo el álbum.
Y lo más sorprendente es que no encuentro un solo detalle que me saque de la experiencia. No hay relleno. No hay momentos donde el disco se venga abajo. Todo suena medido al milímetro, trabajado con obsesión y ejecutado con una convicción absoluta.
Es un álbum complejo, sí, pero jamás pretencioso. "Eximperitus" (para los amigos) han conseguido aquí algo realmente complicado: sonar extremos, sofisticados, oscuros y absorbentes al mismo tiempo.
Una sorpresa gigantesca.
Uno de esos discos que aparecen casi de la nada y te recuerdan por qué sigues escarbando entre lanzamientos underground buscando la próxima obsesión sonora.
Un álbum de 10.

