Tarraco Black Metal Night II: Eternal Hunt y Between the Frost: una noche de black metal para el recuerdo
Viernes 30 de octubre de 2026. La Sala Zero de Tarragona se preparaba para recibir a dos bandas de esas que, si te gusta el black metal, no deberías perderte por nada del mundo. Y mucho menos conformarte con que te lo cuenten. Porque si no pudiste asistir, lo que vamos a contarte seguramente no te hará ninguna gracia: te perdiste uno de los mejores conciertos de black metal que hemos presenciado jamás.
Así de claro. Sin exageraciones gratuitas ni necesidad de adornar lo ocurrido. Lo que vivimos aquella noche fue una auténtica lección de cómo interpretar en directo uno de los géneros más exigentes del metal extremo. Dos bandas, dos maneras de entender el black metal y un nivel de ejecución que, sinceramente, todavía nos cuesta asimilar.
Una noche que empezó fría y terminó abrasándonos los tímpanos
La cosa estaba bastante fría al principio. Eran las ocho de la tarde de un viernes y la gente comenzaba a dejarse caer por los alrededores de la Sala Zero. Nosotros llevábamos ya una buena media hora dando vueltas intentando aparcar. Y cuando digo media hora, no exagero. Aquello parecía una prueba de resistencia diseñada expresamente para los que veníamos al concierto.
Finalmente, cuando empezábamos a perder la esperanza, alguien decidió marcharse justo delante de la puerta de entrada y nos dejó libre un sitio. Aparcamiento prácticamente a pie de sala. Aquello tenía que ser una señal.
Por cierto, pocas zonas recuerdo tan complicadas para aparcar. Queda anotado para futuras visitas, porque después de lo vivido esa noche hay algo que tenemos clarísimo: volveremos a la Sala Zero. Eso sí, la próxima vez tomaremos nuestras precauciones.
La segunda edición de la Tarraco Black Metal Night, organizada por L'Ombra del Coliseu, reunía en esta ocasión a los franceses Eternal Hunt y a los tarraconenses Between the Frost. Los primeros llegaban desde Montpellier con su debut todavía reciente; los segundos jugaban en casa, respaldados por más de tres décadas de historia dentro del underground extremo catalán.
Sobre el papel ya era un cartel más que apetecible. Lo que no esperábamos era semejante barbaridad de noche.
Eternal Hunt: una sorpresa mayúscula llegada desde Montpellier
Eternal Hunt aparecieron sobre el escenario con su particular puesta en escena, dominada por las capuchas y las cornamentas. Una estética inquietante, perfectamente integrada en el universo conceptual de la formación francesa.
Fundados en Montpellier en 2017 por los guitarristas Gelgjer y Ægir, Eternal Hunt comenzaron su trayectoria con el EP Primary Instinct (2019), antes de publicar en 2024 su primer larga duración, An Era of Shame, a través de Drowning in Chaos Records. Un trabajo que ha cosechado críticas notablemente positivas en medios especializados y que combina las raíces más tradicionales del black metal con una considerable riqueza melódica.
Su propuesta también posee una identidad temática muy particular. La figura del wendigo, representada mediante una cabeza de ciervo, simboliza para ellos las fuerzas de la naturaleza, mientras sus composiciones exploran el nihilismo, los instintos primarios, la pérdida de humanidad y la decadencia de nuestra sociedad. Una visión bastante sombría de la condición humana que trasladan a su música con una convicción difícil de cuestionar.
El escenario de la Sala Zero no es precisamente grande, y cuando tienes que acomodar a cinco músicos con todos sus instrumentos y elementos escénicos, el espacio disponible todavía parece encogerse más. Pero aquello no supuso ni el más mínimo problema. Eternal Hunt ocuparon cada centímetro con una naturalidad absoluta y, desde que comenzaron a tocar, quedó claro que las dimensiones del escenario iban a ser lo de menos.
Personalmente, reconozco que llegaba con cierto desconocimiento de la banda. Había escuchado algunos temas suyos, pero tampoco había profundizado demasiado en su discografía. Quizá por eso el golpe fue todavía mayor. Menudo concierto se marcaron los franceses.
Eternal Hunt lo tienen prácticamente todo. Atmósfera, potencia, melodía, contundencia, agresividad y esa sensación de maldad que necesita el buen black metal para resultar verdaderamente convincente. No basta con tocar rápido, poner cara de pocos amigos y encadenar blastbeats. Hay que conseguir que todo tenga sentido, que la violencia musical conviva con los pasajes más elaborados y que cada cambio de intensidad llegue donde tiene que llegar.
Y estos músicos saben perfectamente cómo hacerlo.
Las guitarras construían una muralla sonora en la que las melodías conseguían abrirse paso sin perder un ápice de ferocidad. La sección rítmica sostenía el conjunto con una contundencia total, mientras las voces terminaban de ennegrecer una propuesta que alternaba momentos de auténtica furia con otros bastante más densos y envolventes.
Hay una virtud especialmente interesante en su música: saben introducir las melodías justo en el momento preciso. Su sonido tiene raíces reconocibles en formaciones como Mgła, Gorgoroth o Mayhem, pero no se limitan a reproducir una fórmula ajena, simplemente suenan muy pero que muy bien y por eso te vienen a la mente ciertos nombres de reconocidas bandas del género.
Y después estaba el sonido de la sala.
Voy a detenerme aquí porque creo que merece una mención especial. La Sala Zero nos ofreció unas condiciones acústicas sencillamente extraordinarias. Si tengo que compararla con alguna otra sala en la que haya disfrutado especialmente de este tipo de conciertos, me viene inmediatamente a la cabeza la Sala Upload de Barcelona, donde he podido asistir a unos cuantos conciertos memorables, tanto por ejecución como por sonido, véase el de Vomitory o Pestilence, ambos en 2019, por nombrar algunos . Son, probablemente, dos de los espacios donde mejor sonido he podido experimentar en actuaciones de metal extremo, y he estado en muchos desde finales de los 80's.
Para una música que se mueve entre velocidades endiabladas, distorsiones extremas y constantes cambios de intensidad, conseguir semejante equilibrio es una auténtica proeza.
Todo ello terminó convirtiendo la actuación de Eternal Hunt en un concierto de diez. Y lo digo sinceramente. Una sorpresa mayúscula, una exhibición de calidad y una de esas actuaciones que te obligan a volver a casa y escuchar con otros oídos la discografía de una banda.
Desde luego, conmigo lo consiguieron.
Como no, ahí estuvo Mon con su cámara y aquí nos inmortaliza el momento:
Between the Frost: treinta y tres años después, la oscuridad sigue intacta
Después de semejante descarga, lo más sensato era salir un momento a tomar el aire, recuperar las pulsaciones y disfrutar de una cerveza. Había que recomponerse un poco porque lo que venía a continuación no era precisamente poca cosa.
Era el turno de Between the Frost. Pocas bromas.
Hablar de Between the Frost es hablar de una parte importante de la historia del black/death metal de nuestro país. Fundados en Tarragona en 1993 por J. M. y Asier, cuando el black metal noruego estaba atravesando uno de los periodos más convulsos de su historia, los catalanes comenzaron a construir su propio camino dentro de una escena que aquí todavía tenía muchísimo terreno por recorrer.
Su primera maqueta, Immortalized Darkness, apareció en 1996, seguida dos años después por el álbum debut Instinct of Surliness (1998). Más adelante llegarían Realms of Desolation (2007), Inferno's Conflagration (2013) y From the Roots 1993-2015, una recuperación de parte de su material clásico que servía también como homenaje a sus propios orígenes.
Treinta y tres años después de su nacimiento, J. M. y Asier continúan formando parte de la banda. Un dato que merece bastante más reconocimiento del que habitualmente se concede a músicos que han dedicado buena parte de su vida a mantener encendida la llama del underground.
Pero aquella noche no hacía falta recurrir a la historia para justificar absolutamente nada. Between the Frost salieron a demostrar que su mejor argumento sigue estando encima de un escenario.
Los músicos aparecieron entre los vítores de un público que sabía perfectamente a quién tenía delante. Jugaban en casa y se notaba. Había expectación, ganas y esa complicidad especial que se produce cuando una banda con semejante trayectoria vuelve a tocar ante los suyos.
Una ejecución instrumental que roza lo insultante
Lo de Between the Frost en directo es una cosa muy seria.
Una de las grandes ventajas de las salas pequeñas es precisamente esa cercanía casi indecente con los músicos. No hay enormes escenarios ni distancias que disimulen nada. Tienes a los instrumentistas prácticamente delante de las narices y puedes observar cada movimiento, cada cambio de posición y cada esfuerzo físico que exige interpretar composiciones de semejante complejidad.
Y ver a J. M. manejando su guitarra a esa distancia es un auténtico privilegio.
Qué bestia. Qué velocidad. Qué dominio del instrumento.
Su manera de ejecutar los riffs resulta tan impresionante por la técnica como por la naturalidad con la que parece hacerlo. Pasajes de una velocidad endiablada, cambios constantes y una definición incluso en los momentos más violentos que te deja alucinando.
Luego está Rafa Frost.
Madre mía, lo de este hombre.
Tenerlo a escasos metros, prácticamente gritándote en la cara, permite apreciar todavía mejor el extraordinario abanico de registros que maneja. Su voz puede pasar de un tono desgarrado y profundo a unos agudos capaces de helarte hasta la médula. Y todo ello acompañado de una presencia escénica imponente.
Su interpretación tiene fuerza, carácter y una convicción que transmite muchísimo más que cualquier gesto ensayado.
El bajo de Alberto merece también su reconocimiento. Mantener la solidez de la sección rítmica mientras a tu alrededor las guitarras y la batería avanzan a velocidades absolutamente desquiciadas tiene un mérito considerable. Su trabajo aporta el peso necesario para que toda esa violencia musical no pierda consistencia.
Y llegamos a Asier.
Qué nivel de batería, por favor.
Había momentos en los que resultaba casi imposible apartar la mirada de él. Los blastbeats alcanzaban velocidades estratosféricas, pero lo verdaderamente impresionante era la precisión con la que resolvía cada pasaje. No se trataba únicamente de correr. Había control, cambios de ritmo perfectamente ejecutados y una resistencia física que parecía no tener límite.
En determinados momentos daba la sensación de que aquello iba a reventar por alguna parte. Pero no. Todo seguía en su sitio, cada golpe encontraba su momento y el conjunto continuaba avanzando con una contundencia tremenda.
Francamente, el nivel de todos los músicos fue extraordinario.
Un recital que no queríamos que terminase
Between the Frost fueron encadenando sus clásicos ante un público completamente entregado. Y la experiencia tenía además un componente visual que enriquecía considerablemente el concierto.
Detrás de la banda se proyectaban los nombres de las composiciones acompañados de diferentes imágenes, creando una especie de recorrido documental por su universo musical. Un recurso sencillo, pero muy bien integrado en una actuación que, por sí sola, ya tenía argumentos de sobra para mantenernos absolutamente pendientes del escenario.
Lo curioso es que, conforme avanzaba el repertorio, todo parecía ir todavía a más.
Cada tema daba la impresión de interpretarse con mayor intensidad que el anterior. El sonido, que ya era excelente desde el principio, parecía mejorar constantemente. No sabría decir si el mérito correspondía al equipo técnico, a la propia evolución del concierto o a que estos músicos alcanzan un estado de comunión con sus instrumentos que resulta difícil de explicar.
Seguramente había un poco de todo.
Lo que sí puedo asegurar es que vivimos pasajes de una oscuridad verdaderamente sobrecogedora. Hubo momentos en los que me descubrí literalmente con la boca abierta y los ojos como platos.
Y no es una manera de hablar. Estaba tan metido en lo que ocurría delante de mí que apenas podía creer el nivel de ejecución que estaba presenciando. Me aplaudían hasta los tímpanos.
Una barbaridad de concierto. Un orgasmo auditivo y sensorial con todas las de la ley. De esos que te dejan completamente satisfecho y, al mismo tiempo, contrariado porque sabes que tarde o temprano tendrá que llegar el último tema.
He tenido la suerte de asistir a conciertos realmente salvajes de black metal a lo largo de los años. He visto actuaciones memorables, bandas enormes y músicos que han contribuido a definir el género. Y precisamente por eso me atrevo a decir lo siguiente: Between the Frost no tienen absolutamente nada que envidiar a los grandes nombres internacionales del black metal.
Dissection, Marduk, Mayhem, Dark Funeral... Podemos hablar de cualquiera de ellos y de sus mejores momentos sobre un escenario. En cuanto a calidad instrumental, capacidad de transmitir y contundencia en directo, lo que ofrecieron los tarraconenses aquella noche estuvo, para mí, a esa altura.
Y no lo digo por decir, ni por simpatía hacia una banda de aquí. Lo digo porque lo vi, lo escuché y todavía tengo la sensación de haber asistido a algo verdaderamente especial.
Si alguien considera exagerada esta comparación, le recomiendo que vaya a verlos. Después, si quiere, lo discutimos con una cerveza delante.
Hay grupos cuya repercusión está muy por debajo de su calidad real. Between the Frost son, sin ninguna duda, uno de esos casos. Una formación con más de treinta años de trayectoria, una discografía que merece ser reivindicada y un directo que debería estar circulando por muchos más escenarios y festivales europeos.
Porque lo que presenciamos en Tarragona no fue simplemente una buena actuación de una banda veterana. Fue la demostración de que siguen teniendo muchísimo que decir y de que, cuando se suben a un escenario, pueden mirar de frente a cualquiera.
Aquí unas cuantas fotos del evento:
La Sala Zero y L'Ombra del Coliseu: cuando las cosas se hacen bien
No queremos terminar esta crónica sin dedicar unas palabras a quienes hicieron posible semejante noche.
Nuestro agradecimiento a L'Ombra del Coliseu por organizar esta segunda edición de la Tarraco Black Metal Night y continuar apostando por una música que, pese a contar con seguidores absolutamente fieles, sigue teniendo muchas dificultades para encontrar espacios donde desarrollarse.
Programar conciertos de black metal underground exige trabajo, tiempo y una buena dosis de convicción. Y cuando además el resultado alcanza un nivel como el de esta velada, lo mínimo que podemos hacer desde aquí es reconocerlo y darle toda la difusión que esté en nuestra mano.
También queremos felicitar expresamente a las personas responsables del sonido de la Sala Zero. Lo vivido fue de auténtica matrícula de honor. En un género donde una mala mezcla puede convertir el trabajo de unos músicos extraordinarios en una bola de ruido, escuchar cada instrumento con semejante claridad y contundencia es algo que merece destacarse.
Ojalá todas las salas ofrecieran unas condiciones parecidas.
Y, por supuesto, gracias a Eternal Hunt y Between the Frost por regalarnos una de esas noches que justifican sobradamente los kilómetros, las horas de pie, los problemas para aparcar y todo lo que haga falta. Nos fuimos de Tarragona con una sonrisa de oreja a oreja.
Ahora solo queda una cosa: volver a ver a Between the Frost cuanto antes.
Y ya tenemos fecha.
15 de mayo de 2027. Blastor Metal Fest II. Sala Zulu Klub, Aldaia (Valencia).
Allí estarán compartiendo cartel con Akiavel, Unbounded Terror, Perennial Isolation y Bloodstorm. Y, si nada se tuerce, allí volveremos a estar nosotros.
Después de lo vivido en Tarragona, perderse otra actuación de Between the Frost sería imperdonable.
«Hay conciertos que disfrutas, otros que recuerdas y unos pocos que te obligan a replantearte hasta dónde puede llegar una banda encima de un escenario. Treinta y tres años de historia en el caso de los tarraconenses y un futuro tremendamente prometedor para los franceses. Dos actuaciones soberbias, un sonido impecable y una noche que tardaremos mucho en quitarnos de la cabeza. Si esto no es tocar black metal al máximo nivel, que venga alguien y me lo explique».
— Metal Extremo
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