En febrero de 2004, un plató de televisión de Cracovia amaneció con cabezas de oveja clavadas en estacas, cuatro modelos desnudas colgadas de cruces, símbolos satánicos por todas partes y ochenta litros de sangre de cordero repartidos por el suelo.

No era una película. Era un concierto de Gorgoroth, y lo estaba grabando la televisión pública polaca.

El país donde peor se podía hacer eso

Conviene situar el escenario. Polonia es uno de los países más católicos de Europa, con una Iglesia que había sido decisiva en la caída del comunismo apenas quince años antes y que conservaba —conserva— un peso institucional enorme.

Y el concierto no se celebró en un club underground a las tres de la mañana. Se grabó para TVP, la televisión estatal. Es decir: el asunto no fue que una banda noruega hiciera una barbaridad en un sótano, sino que la hizo dentro del aparato audiovisual público de un país católico.

El escándalo ocupó la prensa polaca durante semanas.

Artículo 196

La fiscalía abrió investigación por dos vías. La primera, el artículo 196 del Código Penal polaco, que castiga con hasta dos años de cárcel ofender los sentimientos religiosos. La segunda, maltrato animal, por las cabezas de oveja y la sangre.

Merece la pena detenerse en esto, porque es lo que distingue el caso de casi cualquier otra polémica del black metal. En Noruega hubo delitos —incendios, asesinatos— perseguidos como lo que eran. Aquí lo perseguido era el espectáculo en sí: no un daño a personas ni a propiedades, sino el contenido simbólico de una actuación.

Cómo acabó

Con una resolución que dice mucho sobre cómo funcionan estas cosas: la banda no tuvo ninguna consecuencia legal.

La multa recayó sobre Metal Mind Productions, la productora polaca que organizó el evento: diez mil eslotis, unos dos mil quinientos euros, por ofensa a los sentimientos religiosos.

O sea que los noruegos se fueron a casa y el que pagó fue el promotor local. Es un patrón que se repite en toda Europa: el artista extranjero se marcha, y quien responde ante el juez es quien alquiló la sala, imprimió los carteles y firmó los papeles.

La grabación tardó cuatro años en verse

La ironía final es que el material por el que se armó todo aquello estuvo bloqueado durante años. Black Mass Krakow 2004 no se publicó hasta 2008, y no por la fiscalía polaca, sino porque para entonces Gorgoroth se había partido en dos y había una guerra legal en Noruega por el nombre de la banda.

Lo que la ley polaca no consiguió detener lo detuvieron los tribunales mercantiles noruegos discutiendo sobre una marca. Al final, lo que frena a una banda de black metal no es la blasfemia: es el registro de la propiedad intelectual.

Qué queda de aquello

Veinte años después, el concierto de Cracovia sigue siendo el espectáculo más citado del género, y probablemente el que mejor resume su relación con la provocación: montado con una minuciosidad enorme, ejecutado ante cámaras profesionales y calculado para generar exactamente lo que generó.

Y funcionó. La banda ganó una notoriedad que no habría conseguido de otra forma, la productora pagó dos mil quinientos euros, y la televisión pública polaca aprendió una lección sobre a quién invita a su plató.

Es la misma mecánica que llevó a Nergal ante los tribunales en el mismo país años después, y la que mantiene a los obispados franceses pleiteando contra el Hellfest. En Europa sigue siendo posible acabar en un juzgado por un concierto. Lo que ha cambiado es que ahora todo el mundo sabe que eso, comercialmente, no es un problema.

⚠️ NOTICIA ROBADA DE WEBMETALEXTREMO.COM
Este texto ha sido copiado sin autorización. eternalmetal.cl es un portal que roba noticias a varios medios y se hace pasar por autor de las mismas. Artículo original: https://www.webmetalextremo.com/noticias/gorgoroth-cracovia-2004-juicio-ochenta-litros-sangre. Denunciar este plagio: https://www.webmetalextremo.com/plagio.

Publicado originalmente en webmetalextremo.com. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este contenido sin enlace directo a la fuente.