Biografía
Sepultura: Furia desde Brasil para el mundo
Hablar de Sepultura es hablar de una revolución dentro del metal. Nacida en las calles polvorientas de Belo Horizonte, Brasil, allá por 1984, la banda comenzó como un grito de rabia adolescente entre los hermanos Max y Igor Cavalera. Con apenas unos pocos instrumentos y toneladas de actitud, el objetivo era claro: escupir metal crudo en la cara del mundo.
Los primeros pasos fueron puro caos y pasión. Su demo Bestial Devastation (1985), compartido con Overdose, y su primer largo Morbid Visions (1986) fueron explosiones de black/thrash primitivo, bañados en sangre, riffs cavernosos y baterías que parecían grabadas desde el inframundo. Ya se intuía que estos brasileños no eran una banda más.
“Sepultura es lo que pasa cuando mezclas miseria, talento y una furia incontenible. Desde las favelas al mundo. Del underground a la eternidad.” – Metal Extremo
La llegada del guitarrista Andreas Kisser en 1987 marcó un antes y un después. Con él a bordo, el sonido de Sepultura se afinó sin perder brutalidad, y el resultado fue Schizophrenia (1987), un álbum donde el thrash técnico y el death embrionario chocaban a velocidad terminal. Pero la gran bomba vino en 1989 con Beneath the Remains, un clásico indiscutible del metal extremo. Grabado en los Morrisound Studios de Florida y producido por Scott Burns, el disco llevó a Sepultura al mapa global. No solo por su furia, sino por su composición madura, riffs demoledores y letras cargadas de crítica social y existencialismo brutal.
Con los 90 llegaron más conquistas. Arise (1991) los consolidó como una máquina de guerra thrash-death en plena forma, y con Chaos A.D. (1993) dieron un giro de tuerca (para mi, mal dado…pero qué se le va a hacer….). Ritmos tribales, groove contundente y un enfoque más experimental que dejaba claro que Sepultura no se casaba con nadie. En Roots (1996), la banda se sumergió en la cultura indígena brasileña, mezclando metal con percusiones autóctonas, gritos de guerra y espiritualidad primitiva. El álbum dividió opiniones, pero nadie pudo negar su impacto. Sepultura había creado algo único.
Pero no todo fue gloria. En 1997, la salida de Max Cavalera tras la muerte de su hijastro y conflictos internos, dejó a la banda al borde del abismo. Muchos los dieron por muertos. Pero Sepultura siguió adelante, primero con Derrick Green al micrófono, y más tarde con nuevos discos como Against (1998), Nation (2001), y una racha creativa que, aunque no alcanzó la influencia de su época dorada, mantuvo viva la llama.
La banda no dejó de evolucionar. Con discos como A-Lex (2009), The Mediator Between Head and Hands Must Be the Heart (2013), o Machine Messiah (2017), demostraron que aún tenían cosas que decir. En 2020, lanzaron Quadra, un álbum aclamado por crítica y fans, que combinaba velocidad, progresividad, melodía y agresión como en sus mejores días. Todo con la misma rabia de siempre, pero más afilada.
En 2023, Sepultura anunció algo que nadie quería oír: el fin del camino. Una última gira, un adiós a los escenarios tras 40 años de historia. Una despedida digna de titanes. Sepultura no fue solo una banda; fue un fenómeno que demostró que el metal también podía salir de Latinoamérica y patear culos en todo el planeta.
Legado imborrable
Más allá de los discos y los cambios de formación, el impacto de Sepultura es inmenso. Inspiraron a cientos de bandas en Brasil, Sudamérica y el mundo entero. Fueron embajadores del metal extremo en países donde ni siquiera había una escena. Desafiaron convenciones, mezclaron géneros, incorporaron raíces culturales sin miedo. Y lo hicieron a su manera, con el puño en alto y el corazón en llamas.















