Puntuación
Reseña editorial
Cinco años después de su formación en Japón, Sigh llega a 1995 con Infidel Art, un disco lanzado por Cacophonous Records que sitúa a la banda en plena exploración de su identidad dentro del metal extremo. A estas alturas de los noventa, cuando el black metal nórdico ya definía los parámetros del género, la propuesta de estos japoneses promete desde el arranque una dirección propia: la incorporación de sintetizadores y atmósferas que tensionan la rabia desatada.
Las composiciones de Infidel Art navegan entre duraciones variables que buscan equilibrar intensidad y textura. A diferencia de aproximaciones posteriores como In Somniphobia, donde la economía compositiva concentra el black metal en formas compactas, este trabajo permite que las atmósferas se dilaten más libremente, cercanas al espíritu de Shiki. La energía oscila entre arrebatos de velocidad y momentos donde los sintetizadores no actúan como mero acompañamiento, sino como elemento generador de inquietud.
La producción mantiene ese carácter de metal extremo sin pulir excesivamente, dejando que la crudeza coexista con los elementos melódicos. En comparación con el trabajo más compacto que Sigh desarrollaría después, aquí todavía hay espacio para la experimentación sin renunciar al núcleo black metal. Infidel Art funciona como punto de inflexión: donde la banda comienza a definir que sus sintetizadores no diluyen, sino abrasan.