Reseña editorial
Northern Light – Transcendence: cuando el Black Metal melódico se convierte en trance
Northern Light llevan desde 2009 trabajando desde Salamanca en una concepción del Black Metal que hace tiempo dejó de conformarse con las fronteras del género. Tras Primigenivm en 2017 y el split Cold Is the Void de 2021, la banda regresó en 2025 con Transcendence, un segundo larga duración construido alrededor de la muerte, observada desde diferentes culturas y perspectivas.
Y conviene quedarse con ese título, Transcendence, porque aquí no parece elegido al azar. Este disco tiene algo de tránsito, de pérdida progresiva de contacto con la realidad. Empieza como una escucha y acaba pareciéndose bastante más a una experiencia.
Amduat: abrir los ojos dentro de otro mundo
Amduat abre las puertas con una introducción suave, hipnótica, casi narcótica. Voces, violín y teclados flotan durante unos tres minutos y medio hasta inducirte a una especie de coma voluntario. Todo parece suspendido en el aire, como si la banda estuviera esperando pacientemente a que cierres los ojos para cambiarte el paisaje sin que te des cuenta.
Y entonces llega el hachazo.
Un berrido desolador revienta la quietud acompañado por una batería frenética y Northern Light activan de golpe su vertiente más reconociblemente ligada al Black Metal melódico. La sacudida dura lo suficiente para ponerte contra las cuerdas antes de volver a bajar las revoluciones. Pero lo realmente interesante es que, cuando disminuye la velocidad, aumenta el peso emocional de la música.
Aquí Garoth empieza a enseñar los dientes de verdad. Su registro vocal tiene una amplitud considerable: pasa de agudos capaces de lijarte el tímpano a graves que parecen salir varios metros por debajo del suelo. No hay sensación de estar utilizando recursos vocales porque toca utilizarlos; aparecen donde tienen que aparecer, como otro instrumento encargado de deformar el paisaje.
Mientras tanto, teclados, bajo y guitarras se distinguen perfectamente dentro de una composición que respira. Nada parece luchar por ocupar el primer plano. Las melodías se cruzan, desaparecen, reaparecen y se van ensamblando como piezas de un mecanismo mucho más grande.
Cuando terminan sus casi nueve minutos ya tienes bastante claro que aquí hay algo serio. Composición, ejecución, imaginación y, sobre todo, talento. Talento del que no necesita levantar la mano para hacerse notar.
Bean Sídhe: belleza con algo escondido detrás
Bean Sídhe comienza con unos arpegios de cuerda que tienen algo de advertencia. Sabes que va a pasar algo; simplemente no sabes cuándo.
Y pasa.
Sin alcanzar la velocidad del estallido anterior, la desgarrada voz vuelve a aparecer transportada por toda la banda mientras los riffs avanzan a medio tiempo con una tensión constante. Hay algo amenazante debajo de la melodía, como caminar por un lugar precioso sabiendo que detrás de alguno de sus árboles hay algo observándote.
El tema vuelve a hundirse después en terreno atmosférico. Susurros, teclados misteriosos y nuevamente el violín consiguen construir uno de esos pasajes en los que apetece quedarse un rato más. Northern Light te meten otra vez en ese estado de suspensión mental que parece convertirse poco a poco en una de las grandes armas del disco.
Hasta que una guitarra irrumpe como el susto perfectamente colocado de una película de terror.
Voces, violines, guitarras y sección rítmica vuelven entonces a mezclarse siguiendo una lógica muy parecida a la del tema anterior, pero sin sensación alguna de repetición. Todo fluye. Bean Sídhe no parece tanto una segunda canción como otra habitación dentro del mismo edificio.
Han pasado ya más de quince minutos desde que empezó esto y empiezas a comprender que Transcendence no pretende darte canciones aisladas. Quiere meterte dentro.
Y a estas alturas ya te está gustando de verdad.
Lacrimosa: una erupción de creatividad
Lacrimosa es el punto en el que Northern Light terminan de soltar las riendas.
Unos cantos evocadores abren paso nuevamente a teclados y violines, llevándonos hacia otro escenario casi onírico. Todo vuelve a adquirir esa cualidad flotante hasta que Garoth comienza a atravesarla con alaridos intermitentes, como si alguien estuviera intentando despertarte a gritos desde el otro lado de un sueño.
Entonces la composición empieza a mutar.
Aparecen estructuras casi progresivas, voces de ultratumba, arpegios, cambios de ritmo, quiebros inesperados y pequeñas filigranas instrumentales que podrían haber convertido el tema en un ejercicio de exhibicionismo si no estuvieran tan bien integradas.
Pero aquí nada parece puesto para presumir.
Y eso tiene bastante mérito porque estamos hablando de doce minutos de música.
Doce minutos en los que cabe prácticamente de todo: calma, violencia, melancolía, vértigo, oscuridad, belleza, riffs, pasajes atmosféricos y cambios emocionales que podrían hacer descarrilar una canción mucho menos trabajada.
Aquí Northern Light sufren una auténtica erupción creativa.
Suena de todo y, lo más importante, todo tiene sentido.
Lacrimosa es probablemente el momento en el que cualquier duda que pudiera quedar sobre el potencial de esta banda termina de evaporarse. Ya no hablamos únicamente de músicos capaces de ejecutar muy bien lo que escriben. Hablamos de gente con ideas.
Muchas ideas.
Y con la capacidad suficiente para hacerlas convivir sin que se maten entre ellas.
Valediction: Epiphany, Reflections y Catharsis
Valediction (Epiphany) inicia una trilogía dentro del propio álbum y lo hace sonando, curiosamente, al más puro estilo Northern Light.
Sí, ya sé que apenas llevamos tres canciones completas.
Me da igual.
A estas alturas ya tienen sonido propio.
Hay grupos que necesitan años y varios discos para construir una identidad reconocible y otros que consiguen que, después de cuarenta minutos, puedas identificar perfectamente el tipo de mundo en el que se mueven.
Por eso la etiqueta de Black Metal melódico empieza a quedarse pequeña.
Está ahí, por supuesto. Es el esqueleto sobre el que se levanta buena parte del disco. Pero alrededor hay atmósfera, trance, elementos progresivos, pasajes casi cinematográficos y una manera muy particular de utilizar violines y teclados sin convertirlos en simple decoración.
No sé qué etiqueta habría que ponerle.
Y tampoco me preocupa demasiado.
Las etiquetas son útiles para ordenar discos en una estantería; bastante menos para explicar por qué una determinada música consigue meterte dentro de ella.
En Epiphany destacaría especialmente el trabajo de batería. No porque el resto de instrumentos queden por debajo, ni mucho menos, sino porque hay detalles rítmicos realmente interesantes sosteniendo toda esa arquitectura. La batería no se limita a marcar el camino: empuja, recoge, acelera y deja respirar las composiciones exactamente cuando lo necesitan.
De nuevo las melodías terminan conduciéndonos lentamente hacia la salida.
Otra canción acaba.
Tu cabeza está un poco más lejos de donde estaba cuando empezó el disco.
Valediction (Reflections) nace exactamente en el arroyo en el que murió el tema anterior.
No parece empezar: simplemente continúa.
Una voz emerge entre ecos y susurra:
Hay una salida.
No todo está perdido todavía; aún queda un último recurso por explorar.
Hace falta mucho valor para cruzar esa puerta. Es una opción que rechazas porque crees que siempre habrá tiempo para ella…
El teclado entra poco después y añade todavía más niebla al escenario mientras la voz continúa hablando.
Aquí Northern Light hacen algo inteligente: detener la maquinaria.
Después de tanta información, tantos cambios y tanta intensidad, Reflections funciona como una cámara de descompresión. Tres minutos de transición, sí, pero también un inquietante punto y aparte dentro del álbum.
Como un pasillo oscuro entre dos habitaciones.
Y al final del pasillo espera Valediction (Catharsis).
Sin aviso.
La banda entra con toda la maquinaria funcionando a un régimen completamente diferente: alaridos, blast beats, guitarras punzantes, teclados evocadores y una velocidad que rompe violentamente con la quietud anterior.
Es literalmente la descarga que prometía el título.
La atmósfera sigue ahí, pero ahora está ardiendo.
Northern Light consiguen algo difícil durante todo Transcendence: acelerar sin perder profundidad y volverse atmosféricos sin perder agresividad. Aquí ambas caras chocan frontalmente. La niebla sigue cubriendo el paisaje, solo que ahora alguien ha prendido fuego al bosque.
Y el misterio continúa.
Dark Energy: el final del viaje
Hasta que llegamos a Dark Energy.
El último tramo del viaje.
Una introducción casi galáctica abre el tema, como si después de atravesar muerte, consciencia, duelo y catarsis el disco decidiera abandonar definitivamente la Tierra.
Entonces aparece un riff de guitarra absolutamente bien parido.
De esos que no necesitan veinte notas para clavarse en la cabeza.
Y poco después regresa esa voz malévola que durante todo el álbum ha sabido aparecer y desaparecer exactamente cuando debía hacerlo.
Northern Light recuperan aquí muchos de los elementos que han ido sembrando durante los cincuenta minutos anteriores: pasajes épicos y atmosféricos, voces susurrantes, teclados, cambios de intensidad y ese riff que vuelve periódicamente como una señal de radio atravesando el vacío.
Dark Energy no descubre una nueva cara de la banda.
Hace algo mejor.
Reúne las anteriores.
Y por eso funciona tan bien como final.
Es otro temazo y uno de los puntos álgidos de un álbum que, llegados aquí, ya te ha terminado de volar la cabeza.
Entonces todo se apaga.
Silencio.
Se acabó.
Vuelves a la habitación.
Transcendence termina dejando esa extraña sensación que producen algunos discos cuando realmente han conseguido absorberte: durante unos segundos necesitas recordar qué estabas haciendo antes de darle al play.
Mucho más que Black Metal melódico
Y ahí está probablemente su mayor virtud.
Northern Light han conseguido construir algo con personalidad propia sin necesidad de dinamitar los fundamentos del género. Hay patrones reconocibles, hay Black Metal melódico, hay blast beats, guitarras afiladas y voces extremas, pero todo eso aparece atravesado por una sensibilidad atmosférica muy particular.
El violín no está para poner una capa bonita encima de las guitarras.
Los teclados no están para rellenar agujeros.
Los pasajes lentos no existen únicamente para que después las partes rápidas parezcan más rápidas.
Todo forma parte del mismo lenguaje.
Y eso es identidad.
La sorpresa que me he llevado con este trabajo ha sido considerable.
Durante la escucha hubo momentos que me hicieron recordar a Godlethe, una banda de los noventa que también fue capaz de utilizar violines y partes vocales absolutamente alucinantes dentro de terrenos extremos sin que aquello sonara a añadido artificial.
Y para mí esa comparación pesa.
Porque si tengo que retroceder más de treinta años para recordar un disco de este tipo que me provocara una sensación parecida, creo que queda bastante claro el impacto que me ha causado Transcendence.
Quizá también haya aquí una pequeña colleja que deberíamos darnos nosotros mismos.
A veces prestamos una atención casi automática a todo lo que llega de fuera mientras dejamos pasar por debajo del radar bandas que tenemos mucho más cerca.
Y a Northern Light no les falta absolutamente nada de lo que podamos exigirle a una formación internacional.
Composición.
Músicos.
Ideas.
Técnica.
Atmósfera.
Y, sobre todo, algo bastante más difícil de conseguir que todo lo anterior: personalidad.
Dales una oportunidad. Ponte los cascos. Baja la luz. Relájate. Y entra.
Luego ya veremos si sales igual.
Tracklist
- 1Amduat08:48
- 2Bean Sídhe07:05
- 3Lacrimosa12:04
- 4Valediction (Epiphany)07:12
- 5Valediction (Reflections)03:17
- 6Valediction (Catharsis)05:16
- 7Dark Energy09:45
Total: 53:27
Formación
- GarothVoz, Guitarra
- NathTeclados
- Stomias BoraBajo
- MoranBatería
- LizViolín
- SvattkattVoz (coros)
En este álbum
- Tipoálbum de estudio · 2025 · lanzado hace 1 año
- BandaNorthern Light · España · formada en 2009
- SelloIndependent
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Discografía de Northern Light
3.º de 3Lanzamientos que tenemos catalogados de esta banda. Si echas en falta alguno, repórtalo aquí.
- 2017PrimigenivmLP
- 2021Cold Is the VoidSplit
- 2025▸ TranscendenceLP
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