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Shrouded Divine cover

Shrouded Divine

In Mourning
Año
2008
Tipo
full-length
País
Suecia
Sello
Aftermath Music
Duración
46:15
Temas
8

Puntuación

9.82 votos
Editorial 9.5

Reseña editorial

In Mourning – Shrouded Divine: cuando la técnica deja de parecer técnica

Es complicado ponerse a reseñar un álbum como Shrouded Divine yendo tema por tema. Después de escucharlo varias veces sigo sin verlo como una sucesión de canciones independientes, sino como una única pieza de 46 minutos que cambia de forma continuamente. Un paisaje enorme en el que varían la luz, la temperatura y el terreno, pero del que nunca llegas realmente a salir.

Mi llegada a In Mourning fue además bastante peculiar. No sabía nada de la banda, no conocía a sus músicos, no había escuchado un solo tema y tampoco había leído ninguna de las reseñas que acompañaban ese llamativo 97 % de valoración media en Metal Archives. Simplemente vi la puntuación y pensé que siete personas coincidiendo de una manera tan poco habitual merecían, como mínimo, que pulsara el play.

Por una casualidad terminé primero ante una versión instrumental que circulaba por YouTube. No sabía entonces que el álbum original incluía voces y eso hizo que mi primera toma de contacto fuera completamente distinta. Los discos instrumentales normalmente me cuestan; necesito una voz a la que agarrarme, una presencia humana que sirva de referencia dentro de la música. Pero aquí ocurrió exactamente lo contrario: le di al play y cuando quise darme cuenta llevaba 46 minutos completamente absorbido. Lo más extraño vino después: en lugar de buscar otro disco o poner cualquier otra cosa, volví a darle al play.

Cuando descubrí que aquella no era la versión original, hice lo lógico: buscar Shrouded Divine tal como In Mourning lo publicaron en 2008 y volver a empezar desde cero. Y ahí apareció una nueva capa.

Una composición de 46 minutos dividida en ocho capítulos

La sensación fundamental no cambió. Sigo sin entender este disco como ocho temas independientes. Para mí funciona como una composición enorme dividida en capítulos, una corriente que va cambiando de velocidad y profundidad mientras te arrastra. Hay momentos en los que las guitarras aceleran como si el suelo se inclinara bajo tus pies, otros en los que todo prácticamente se detiene y la música queda suspendida, respirando lentamente antes de volver a ponerse en movimiento.

Si tuviera que encasillarlo, Metal progresivo sería suficiente para mí. Es metal porque pesa, golpea y tiene músculo; es progresivo porque nunca sabes exactamente qué vas a encontrarte después de la siguiente curva. Pero también hay mucho Death Metal melódico, pasajes de enorme carga atmosférica y momentos en los que la música adquiere una gravedad casi cercana al Doom.

Las referencias aparecen inevitablemente. Opeth es probablemente la primera que viene a la cabeza por esa forma de hacer convivir agresividad, melodía, progresividad y atmósferas profundamente introspectivas. También aparecen recuerdos de Coroner en determinados giros, en la manera de retorcer los riffs y en esa sensación de que debajo de cada estructura hay otra esperando su turno.

Pero cuanto más avanza Shrouded Divine, menos necesitas pensar en comparaciones. Lo que al principio parecen referencias terminan convirtiéndose en simples puntos de orientación porque la banda tiene suficiente personalidad para sostenerse sola.

El esqueleto era extraordinario; con las voces aparece el cuerpo completo

Escuchar primero el disco sin voces terminó siendo, sin pretenderlo, una forma bastante reveladora de acercarme a él. Pude observar toda su arquitectura completamente desnuda: las guitarras dialogando, separándose, chocando y volviendo a encontrarse; un bajo que no se limita a rellenar frecuencias y una batería que entiende perfectamente cuándo debe empujar la música y cuándo apartarse para dejarla respirar.

Al regresar al álbum original, las voces de Tobias Netzell no destruyen esa sensación de inmersión. La amplían. Los registros graves aportan una capa de peso que encaja perfectamente con los momentos más densos, mientras los pasajes limpios aparecen como claros abiertos entre la niebla. Hay growls profundos, momentos más ásperos y voces limpias que no intentan apropiarse de las canciones: entran y salen formando parte de la misma estructura que las guitarras.

Esto era precisamente uno de los aspectos que destacaban algunas de las críticas originales del álbum: la combinación de voces agresivas y limpias, riffs pesados, pasajes acústicos y una composición capaz de pasar de momentos abrasivos a otros melancólicos sin romper la continuidad. Y después de escucharlo en ambas condiciones puedo entender perfectamente por qué. La voz no está colocada encima de la música; parece crecer desde dentro de ella.

Hay algo especialmente efectivo en la manera en que Netzell utiliza los graves. No son una capa constante de violencia, sino una presencia que aparece cuando la canción necesita ganar profundidad. Las voces limpias, en cambio, aportan vulnerabilidad y un punto casi fantasmal. Esa alternancia evita que el disco caiga en una única temperatura emocional.

Técnica que nunca exige que la admires

Una de las cosas que más me ha impresionado de Shrouded Divine es que está lleno de músicos extraordinarios sin que en ningún momento parezcan empeñados en recordártelo. Hay discos progresivos que después de veinte minutos empiezan a sentirse como un examen de teoría musical. Aquí sucede justamente lo contrario: cuanto más complicada se vuelve la composición, más fácil resulta dejarse llevar.

Hay cambios de compás, riffs enrevesados, transiciones inesperadas, guitarras que se abren en direcciones distintas y pequeños detalles que aparecen durante apenas unos segundos. Pero todo está al servicio de la canción. Nadie parece decirte “mira lo que sé hacer”. Lo hacen y continúan caminando.

Eso convierte la técnica en algo casi invisible.

Y posiblemente esa sea la técnica más difícil de todas.

Hay momentos absolutamente hipnóticos. Instantes en los que dejas de escuchar guitarra, bajo, batería y voz por separado y todo se convierte en una única masa en movimiento. Es entonces cuando Shrouded Divine deja de parecer simplemente un álbum y empieza a funcionar como una experiencia física. Entras dentro de él y durante un rato el resto desaparece.

Un debut que no suena a debut

Y después aparece un dato que termina de complicarlo todo: Shrouded Divine fue el primer larga duración de In Mourning. Antes habían publicado varias demos, pero este álbum fue su presentación oficial en formato completo. Tobias Netzell estaba a la voz y guitarra, Björn Pettersson y Tim Nedergård completaban el frente de guitarras, Pierre Stam se encargaba del bajo y Christian Netzell de la batería. Jonas Kjellgren se ocupó de grabación, producción, mezcla y masterización.

Eso ayuda a entender por qué las críticas de la época reaccionaron como reaccionaron. Alguna de las reseñas que he podido recuperar hablaban directamente de un disco prácticamente sin puntos débiles, otra destacaba su enorme capacidad para combinar Death Metal melódico, Doom y progresividad y otra afirmaba que era el tipo de trabajo que aparecía una vez cada muchos años. No hace falta asumir esas opiniones como verdades absolutas, pero después de varias escuchas resulta bastante sencillo entender de dónde venía aquel entusiasmo.

De hecho, años después otras críticas seguían describiendo Shrouded Divine como el trabajo que puso a In Mourning en el mapa y como una combinación especialmente efectiva de Death Metal melódico, progresividad, intensidad y pasajes cercanos a Opeth.

El problema ahora es qué hacer después

Y aquí llega el verdadero problema.

Cuando terminas un disco así, lo primero que te pide el cuerpo es devorar toda la discografía de la banda. Buscar Monolith, continuar con The Weight of Oceans y seguir avanzando hasta llegar al presente.

Pero casi prefiero no hacerlo todavía.

Hay trabajos que conviene dejar reposar. Seguir escuchándolos, encontrar detalles que se habían escapado y permitir que terminen de asentarse antes de colocar otro álbum encima. Con Shrouded Divine tengo exactamente esa sensación. Sé que voy a seguir con In Mourning, pero primero quiero quedarme aquí durante un tiempo.

También aparece inevitablemente la curiosidad por saber más sobre sus músicos. Cuando escuchas una ejecución de este nivel empiezas a preguntarte en qué otros proyectos han participado, qué hicieron después y cómo evolucionaron como compositores. Porque uno termina el disco con la impresión de que músicos así difícilmente pueden pasar desapercibidos durante demasiado tiempo.

Y pensar que todo esto empezó porque vi un 97 % en una página y decidí pulsar el play.

Ojalá cada semana apareciera un disco capaz de producir este tipo de sorpresa. No ocurre. Quizá precisamente por eso cuando encuentras uno merece la pena detenerse, escucharlo otra vez y dejar constancia de que has pasado por allí.

Shrouded Divine es uno de esos discos en los que la técnica deja de parecer técnica y empieza a convertirse en paisaje. La primera vez entré sin voces y quedé atrapado; cuando volví con el álbum completo descubrí que aquello que me había absorbido era solo el esqueleto. La obra entera tenía todavía mucho más que decir.

Tracklist

  1. 1The Shrouded Divine07:11
  2. 2Amnesia03:35
  3. 3In the Failing Hour04:22
  4. 4By Others Considered06:24
  5. 5Grind Denial04:28
  6. 6The Art of a Mourning Kind05:29
  7. 7The Black Lodge08:13
  8. 8Past October Skies (The Black Lodge Revisited)06:33

Total: 46:15

Formación

  • Tobias NetzellVoz, Guitarra, Letras (temas 2-5, 7), Composición
  • Björn PetterssonGuitarra
  • Tim NedergårdGuitarra
  • Pierre StamBajo, Letras
  • Christian NetzellBatería
  • Stanislava MusevaDigipak inlay design
  • Mattias LindströmIlustración, Maquetación, Fotografía
  • Jonas KjellgrenProducción, Grabación, Mezcla, Masterización
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