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Obsessive Mutilation Lust cover

Obsessive Mutilation Lust

Faecal Putrefaction
Año
2024
Tipo
full-length
País
España
Sello
Base Record Production
Duración
35:15
Temas
26

Puntuación

8.72 votos
Editorial 8.8

Reseña editorial

Faecal Putrefaction – Obsessive Mutilation Lust: goregrind con vísceras, técnica y muy mala leche

Hay discos que entran dando una patada en la puerta y otros que directamente llegan con una radial, serrando el marco, arrancando las bisagras y dejando el pasillo lleno de restos. Obsessive Mutilation Lust, de Faecal Putrefaction, pertenece claramente al segundo grupo.

Y lo curioso es que detrás de toda esta montaña de vísceras, voces imposibles y títulos concebidos para provocar un síncope al algoritmo de cualquier red social, hay una banda bastante más seria de lo que la primera impresión podría sugerir.

Los canarios llevan en activo desde 2016 y con este trabajo, publicado en 2024 a través de Base Record Production, alcanzaron su tercer larga duración. Son 26 cortes en poco más de 35 minutos, incluyendo tres piezas en directo al final, y aunque sobre el papel semejante cantidad de canciones podría parecer una descarga indiscriminada de ruido, la realidad es bastante distinta.

Mucho más que ruido y provocación

El goregrind siempre ha vivido cerca de la caricatura. Forma parte de su ADN. Portadas repugnantes, voces alteradas, títulos enfermizos, samples, humor de alcantarilla y canciones capaces de durar menos que el tiempo necesario para abrir una cerveza.

El problema aparece cuando todo eso termina sustituyendo a la música.

Faecal Putrefaction consiguen evitar precisamente esa trampa.

Obsessive Mutilation Lust es una trituradora, sí, pero alguien ha apretado bien todos los tornillos antes de encenderla. Hay una ejecución técnica realmente sobresaliente para los parámetros del estilo y, sobre todo, una capacidad para introducir cambios dentro de canciones muy cortas sin convertirlas en un montón de ideas pegadas con cinta aislante.

Los riffs aparecen, golpean y desaparecen antes de que puedas acostumbrarte a ellos. Hay aceleraciones que parecen una ambulancia bajando una pendiente sin frenos, momentos de brutal death que caen como bloques de hormigón y frenazos que introducen ese peso casi slam que hace que el disco respire durante unos segundos antes de volver a meterte la cabeza dentro de la picadora.

Eso es probablemente lo que más sorprende.

No suenan rápidos porque sí. No suenan brutales porque hayan decidido subirlo todo al once. Hay control. Hay intención. Hay músicos detrás de la barbarie.

Una batería que parece trabajar a destajo en un matadero

La batería es uno de los elementos que sostienen todo el edificio. Blast beats, cambios de ritmo, acelerones y golpes secos aparecen prácticamente sin descanso, pero rara vez dan la sensación de estar colocados únicamente para demostrar velocidad.

Es una ejecución frenética, aunque sorprendentemente precisa.

Por momentos parece que alguien haya metido una hormigonera cargada de cubiertos dentro de una sala de autopsias y haya puesto el motor al máximo. Pero debajo del estruendo existe una estructura. Esa diferencia es importante, porque separa a una banda que simplemente genera caos de otra que sabe exactamente cómo fabricarlo.

Las guitarras tampoco funcionan como un simple muro de distorsión. Hay riffs reconocibles, pequeñas variaciones, armónicos, arrastres pesados y ataques cortantes que van cambiando continuamente el perfil de las canciones.

Cuando el disco pisa el freno y entra en terrenos más cercanos al brutal death, el sonido adquiere una pesadez obscena. No es ese slam matemático y cuadriculado donde todo parece medido con una regla; aquí sigue habiendo suciedad, golpes maleducados y una sensación de peligro bastante más física.

La voz: una criatura viviendo dentro de una tubería

Luego están las voces.

Explicar determinadas voces dentro del goregrind siempre resulta complicado porque llega un momento en el que términos como gutural, pig squeal o voz procesada empiezan a quedarse cortos.

Aquí parece haber algo intentando comunicarse desde el fondo de una cañería industrial.

Los registros graves son profundos, húmedos y completamente antihumanos, mientras que los cambios hacia voces más agudas o deformadas aportan variedad sin caer constantemente en el efecto gratuito.

Dentro de un género donde el tratamiento vocal puede acabar convirtiéndose en un truco repetido durante media hora, Faecal Putrefaction consiguen integrarlo como otro instrumento rítmico. La voz golpea, acompaña riffs y muchas veces funciona más como textura que como vehículo para un texto y es gorrina cuando debe de serlo, muy gorrina.

Y funciona.

Treinta y cinco minutos con la cara contra el asfalto

Otro acierto está en la duración de las canciones. La mayoría se mueven alrededor del minuto o minuto y medio, por lo que apenas existe espacio para que una idea llegue a pudrirse de tanto repetirla.

Entra el riff. Llega el blast beat. Algo gruñe desde el subsuelo. Cambio. Frenazo. Otro riff. Fin.

Siguiente víctima.

Ese planteamiento convierte el disco en una sucesión constante de impactos. Escucharlo completo se parece bastante a bajar por unas escaleras dentro de un contenedor metálico: sabes que en algún momento vas a llegar abajo, pero durante el trayecto todo son golpes contra las paredes.

Y precisamente porque las composiciones son tan breves, cada cambio cuenta.

No tiene demasiado sentido diseccionar Obsessive Mutilation Lust canción por canción. Este tipo de material funciona mejor como una masa continua, una descarga donde las diferencias aparecen en pequeños detalles: un riff especialmente pegajoso, un frenazo inesperado, una entrada de batería absurda o uno de esos guturales que parecen expulsados desde el sistema digestivo de un animal prehistórico.

La producción encuentra el punto exacto de podredumbre

También merece atención el sonido.

Una producción excesivamente pulida habría matado buena parte de la gracia del disco. En el otro extremo, una mezcla completamente embarrada habría enterrado el nivel instrumental que demuestra la banda.

Aquí existe suciedad, pero puedes escuchar lo que está sucediendo.

Las guitarras muerden, la batería conserva pegada y las voces ocupan su espacio sin tragarse absolutamente todo. El resultado tiene volumen, cuerpo y mugre, tres ingredientes bastante esenciales cuando estás haciendo música cuyo principal objetivo parece ser recrear sonoramente un cubo de residuos hospitalarios cayendo por unas escaleras.

Pero insisto: debajo de toda la mierda se escucha a los músicos.

Y eso no siempre ocurre en este género.

Ver esto en directo tiene que ser una barbaridad

Si el álbum transmite algo con claridad es que Faecal Putrefaction deben ser una banda particularmente divertida de ver sobre un escenario.

Hay demasiados cambios, demasiadas aceleraciones y demasiados momentos hechos para provocar movimiento como para pensar lo contrario. Los tres cortes en directo que cierran el disco ayudan además a imaginar cómo puede trasladarse semejante descarga a una sala pequeña, con el público prácticamente encima del grupo.

Este material pide sudor, cerveza volando y un suelo pegajoso.

Pide una batería castigada sin misericordia, amplificadores vomitando graves y veinte personas chocando entre ellas en un espacio concebido originalmente para que cupieran cinco.

Hay discos extremos que en casa funcionan perfectamente pero cuya construcción excesivamente clínica hace difícil imaginar dónde está el componente físico.

Aquí sucede exactamente lo contrario.

Obsessive Mutilation Lust parece haber sido diseñado para reventar una sala.

Una sorpresa mucho más seria de lo esperado

Y quizá esa sea la mejor manera de resumir este disco: es una sorpresa.

Uno puede acercarse a Faecal Putrefaction esperando treinta y cinco minutos de goregrind deliberadamente asqueroso, provocador y pasado de vueltas.

Y todo eso está.

Por supuesto que está.

Pero también hay músicos que saben perfectamente cómo manejar los códigos del género. Saben cuándo acelerar, cuándo frenar, cuándo meter peso y cuándo terminar una canción antes de convertirla en una repetición innecesaria.

No intentan ennoblecer el goregrind ni disfrazarlo de algo que no es. No hace falta.

Su mérito está precisamente en demostrar que se puede hacer música completamente infecta, absurda, desagradable y excesiva mientras se mantiene un nivel instrumental altísimo.

Faecal Putrefaction han construido aquí una carnicería, pero los cuchillos están extraordinariamente afilados.

Y eso cambia completamente la película.

Valoración editorial 8,8: una de esas escuchas que empiezan como una curiosidad y terminan dejando bastante más huella de la prevista. Obsessive Mutilation Lust es brutal, ridículo, enfermizo y conscientemente ofensivo, pero sobre todo está ejecutado con una precisión que merece respeto. Si consiguen trasladar sobre un escenario toda la violencia y el control que muestran aquí, ver a Faecal Putrefaction en directo tiene que ser una experiencia considerablemente insalubre.

Tracklist

  1. 1Turbolent Dissection01:02
  2. 2Fibrodysplasia Ossificans Progressiva01:47
  3. 3Internal Vaginal Myasis01:50
  4. 4Horror in Your Ass01:06
  5. 5Burning Face01:13
  6. 6My Cock Smell like Your Daughter' Shit00:35
  7. 7Wet, Horny and Ready00:40
  8. 8Feminist Holocaust01:26
  9. 9Pissing on Your Church's Door01:27
  10. 10Scum Manifesto01:51
  11. 11Smegma Addicted Whore00:56
  12. 12Anal Asphyxia Death01:17
  13. 13Infinite Cruelty01:10
  14. 14Undesired Cock01:25
  15. 15Preparing the Saw00:42
  16. 16Self Mutilation Party02:12
  17. 17One Month Priapism00:43
  18. 18Walking Corpse Syndrome01:35
  19. 19Biting Your Mask Off, Retarded01:30
  20. 20Bloodof Moshpit01:03
  21. 21Cocktail Kid's Guts01:20
  22. 22Surgical Fucking01:26
  23. 23Faggots Barbecue01:35
  24. 24Six Ways to Disgorge (live)01:44
  25. 25Cumming on Dead Girls (live)01:23
  26. 26Rotten Reanimated Pussy (live)02:17

Total: 35:15

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