Puntuación
Reseña editorial
El disco abre con un pulso de thrash directo, sin preámbulos. La voz llega rasposa, entre el grito y la dicción controlada, mientras los riffs se mueven con una urgencia que recuerda más al groove que a la velocidad pura. Hay peso aquí, una densidad que va más allá del metal brasileño coetáneo. Chakal no grita ni corre sin dirección; cada pasaje parece calculado para golpear en un lugar específico del cuerpo, combinando la agresión del thrash con una estructura que busca algo más corpulento.
Lo que define Abominable Anno Domini es justamente esa coherencia que la biografía de la banda promete. Mientras sus contemporáneos brasileños se repartían entre extremismos contradictorios, Chakal mantiene una línea: metal pesado con hambre, sin divorciarse del groove ni del tempo acelerado. Los momentos decisivos no son explosiones caóticas, sino transiciones que revelan una banda que entiende cómo construir tensión a través del riff repetido, la variación rítmica y la presencia vocal.
Tres décadas después, este álbum importa porque documenta una banda que eligió consistencia sobre visibilidad. En un género donde el extremismo suele confundirse con la innovación, Chakal en 1987 ya sabía que el metal extremo no necesitaba perder su base compositiva. Una lección que sigue vigente.