Mork ya tienen en la calle Monolitt, su nuevo álbum de estudio, publicado el 19 de junio de 2026 a través de Peaceville Records. Nueve temas y algo más de cuarenta y seis minutos para volver a entrar en ese terreno áspero, frío y profundamente noruego que Thomas Eriksen lleva moldeando desde hace años.

Para quienes todavía no tengan controlada a la banda, Mork nació en Halden, Østfold, en 2004, como proyecto personal de Eriksen. Durante bastante tiempo funcionó casi en silencio, sin prisas, hasta que en 2013 apareció Isebakke, su primer larga duración. Desde entonces, el nombre de Mork ha ido creciendo sin necesidad de disfrazarse de nada raro: black metal noruego, raíces claras en la segunda ola y una forma de componer que nunca ha parecido interesada en sonar moderna por obligación.

Monolitt llega después de una etapa especialmente sólida para el proyecto, ya asentado dentro del catálogo de Peaceville Records. El título no engaña demasiado: la idea del monolito encaja con esa presencia pesada, inmóvil y casi amenazante que sobrevuela el disco. La propia información del lanzamiento habla de colapso, transformación, aislamiento y destrucción, temas que encajan bastante bien con el universo de una banda que siempre ha funcionado mejor cuando mira hacia dentro y deja que todo se pudra desde ahí.

Eriksen conoce perfectamente el lenguaje del black metal noruego de los noventa, pero no lo trata como una pieza de museo. Lo usa como herramienta. Hay frío, hay aspereza y hay ese pulso reconocible de la vieja escuela, pero también una manera muy suya de dar forma a las canciones, más seca, más encerrada en sí misma, sin necesidad de cargarlo todo de artificio.

Para Metal Extremo, Monolitt sirve también como buena excusa para poner por primera vez el foco en una banda que ya llevaba demasiado tiempo mereciendo sitio en nuestra web. Mork no son una promesa ni un nombre recién salido de Bandcamp. Son uno de los proyectos más respetados del black metal noruego actual, con una trayectoria que ha ido creciendo disco a disco y con una personalidad que se reconoce rápido cuando empiezan a sonar las guitarras.

Noruega no necesita inventarse leyendas nuevas cada semana. A veces basta con que alguien vuelva a encender una guitarra en mitad del frío.

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