Puntuación
Reseña editorial
The Fleshland llega en 2013 cuando Coffins ya había consolidado siete años de trayectoria desde Buried Death. La banda japonesa operaba en un contexto donde el doom metal extremo seguía bifurcándose entre nostalgias fúnebres y experimentación sin red. Relapse Records apostaba entonces por catálogos que escapaban del circuito mainstream del metal, permitiendo que Coffins continuara expandiendo sus territorios crudos sin presión comercial. Tras añadir capas progresivas a sus primeros trabajos, la banda se encontraba en posición de profundizar aún más en su particular visión del death doom nipón.
Este álbum mantiene la densidad y el peso que caracteriza a Coffins, con una producción que abraza la suciedad sin perder definición en lo esencial. Los tiempos oscilan entre arrastres hipnóticos y aceleraciones que rompen la apatía, mientras la atmósfera permanece anclada en ese funeral doom tosco y sin pretensiones que la banda perfeccionó desde sus inicios. La voz emerge como instrumento más de la textura general que como protagonista, diluida en el fango sonoro que caracteriza al grupo.
Siete años después, The Fleshland sigue siendo punto de referencia dentro del doom metal extremo japonés, aunque quizá menos recordado que sus predecesores. La propuesta pasa de largo anteba reinventar géneros ni sorprender fuera de su nicho; simplemente profundizaba en lo que Coffins ya sabía hacer. Bandas como Grave Upheaval recorrían caminos similares en aquella época, refinando crudeza en lugar de refinarla.