En el panorama del metal latinoamericano, Sepultura ocupa un lugar destacado. Formada en Belo Horizonte (Brasil) en 1984, se convirtió en una de las bandas más influyentes del thrash y el death metal a nivel mundial. Su sonido agresivo, con toques tribales y una identidad propia, logró traspasar fronteras. Durante la primera mitad de los 90, Sepultura vivió un ascenso meteórico, sobre todo con el éxito de discos como Arise (1991), Chaos A.D. (1993) y Roots (1996). Pero el grupo sufrió un duro golpe en 1996 con la salida de su vocalista y guitarrista rítmico Max Cavalera; años después, en 2006, también se iría su hermano, el baterista Igor Cavalera. ¿Por qué se rompió la alineación que había llevado a Sepultura a la cima?
En 1996, Sepultura vivía uno de sus mejores momentos de popularidad. El disco Roots había llamado la atención del mundo por su fusión de metal con ritmos indígenas brasileños, letras contestatarias y la producción de Ross Robinson. Max Cavalera era la cara más visible del grupo, un frontman con carisma que, junto a Igor, había cimentado la historia de la banda desde sus inicios. Sin embargo, emergieron tensiones internas durante la gira de presentación de Roots.
La chispa que detonó la crisis fue la muerte de Dana Wells, hijastro de Max Cavalera, en un accidente automovilístico. Max se encontraba devastado por la pérdida, y además sentía que el resto de la banda no lo acompañaba o mostraba sensibilidad ante el duelo. Por entonces, Gloria Cavalera (esposa de Max) gestionaba el management de Sepultura, lo que generaba suspicacias entre los demás miembros (Andreas Kisser y Paulo Jr.) acerca del enfoque y las decisiones de la banda. Max se quejaba de que el resto no apoyaba a Gloria y de que había faltado humanidad en el trato hacia Dana. En resumen, tensiones personales, familiares y profesionales se mezclaron en un cóctel explosivo.
El distanciamiento se volvió insalvable. Los otros tres integrantes (Igor, Andreas y Paulo) se reunieron sin Max para tomar decisiones respecto a la continuidad de la banda y del management. Max sintió que lo habían traicionado, pues se discutía la salida de Gloria como mánager, entre otras cosas. Fue cuestión de semanas para que, en diciembre de 1996, Max Cavalera abandonara el grupo tras un concierto en Londres, despidiéndose de un proyecto que había fundado 12 años antes.
La banda no se disolvió. Igor Cavalera, Andreas Kisser y Paulo Jr. decidieron seguir adelante, ficharon a Derrick Green como nuevo vocalista en 1997 y grabaron Against (1998). Sin embargo, la ausencia de Max se notó de forma inmediata: las ventas disminuyeron, parte de la base de seguidores se sintió traicionada y la prensa empezó a tratar a la “nueva Sepultura” como una versión descafeinada del grupo original. Aun así, Andreas Kisser defendió la legitimidad de la formación, argumentando que el espíritu de Sepultura iba más allá de un solo miembro y que todos tenían derecho a seguir haciendo música con el nombre de la banda.
Max Cavalera, por su parte, se estableció en Phoenix (Estados Unidos) y formó Soulfly en 1997, banda con la que continuó la mezcla de thrash, elementos tribales y ritmos étnicos. En las primeras entrevistas, Max se mostró muy rencoroso con Sepultura, acusándolos de haberle faltado al respeto en el peor momento de su vida y de haber despreciado a su familia. También sostenía que la dirección musical que tomaban Andreas y Paulo era demasiado comercial y que la presencia de Derrick Green no encajaba con las raíces del grupo.
La fractura se profundizó cuando, en 2006, Igor Cavalera también dejó Sepultura. Inicialmente citó motivos personales y cansancio, pero era evidente que la relación con Andreas y Paulo se había deteriorado. Para muchos fans, la marcha de Igor suponía el fin definitivo de Sepultura como se conocía; la alineación clásica (Max, Igor, Andreas y Paulo) ya no existía. Aun así, Andreas y Paulo siguieron, ficharon al baterista Jean Dolabella (luego a Eloy Casagrande) y publicaron nuevos álbumes que recibieron críticas mixtas, como Dante XXI (2006) o A-Lex (2009), inspirados en obras literarias.
Igor Cavalera se reconcilió con Max, y juntos formaron Cavalera Conspiracy en 2007, un proyecto que pretendía retomar la esencia thrash/death de los primeros tiempos de Sepultura. Discos como Inflikted (2008) y Blunt Force Trauma (2011) cautivaron a los nostálgicos que ansiaban el sonido clásico de la banda brasileña. Así, la familia Cavalera inició un camino propio al margen de la marca Sepultura, mientras Andreas Kisser lideraba el nombre original hacia nuevos territorios.
Los roces, por supuesto, no desaparecieron. Max criticaba la pertinencia de que Andreas y Paulo siguieran usando el nombre “Sepultura” cuando, según él, esa banda ya no existía sin los Cavalera. Andreas se defendía afirmando que él y Paulo también habían estado ahí desde el principio (aunque Paulo se unió poco después del debut), y que la mayoría de clásicos del grupo estaban compuestos en equipo, no solo por los hermanos Cavalera.
El público quedó dividido. Muchos fans “old school” consideraban que, sin Max e Igor, la banda actual era un proyecto diferente, ajeno a la gloria de Chaos A.D. o Roots. Otros, en cambio, defendían el derecho de Andreas y Paulo a continuar, y valoraban el trabajo de Derrick Green, que inyectaba una voz distinta, más cercana al hardcore y al groove. Sepultura siguió editando discos con esa formación, sumando giras y cultivando una base de seguidores que aceptó la evolución. Por su parte, Max e Igor conquistaron el circuito metalero con Cavalera Conspiracy y Soulfly.
Durante años, se especuló con la posibilidad de una reunión total que incluyera a Max, Igor, Andreas y Paulo en un solo escenario. Hubo acercamientos puntuales, declaraciones que dejaban la puerta entreabierta, pero nunca se concretó. Algunos atribuyen la imposibilidad de ese reencuentro a resentimientos personales demasiado profundos, otros a temas de derechos y uso de la marca, y también al simple hecho de que, cada parte, ha encontrado su propio camino y no se siente necesitada de una reconciliación con fines comerciales.
Aun con todas las tensiones, no puede negarse la contribución de Sepultura a la historia del metal. La etapa clásica de la banda (1984-1996) dejó discos canónicos como Beneath the Remains, Arise, Chaos A.D. y Roots. Su mezcla de thrash, death y elementos étnicos abrió puertas para otros grupos de metal latino y fue una fuente de inspiración para escenas en todo el planeta. Por otro lado, Soulfly y Cavalera Conspiracy mantuvieron vivo el espíritu combativo de los hermanos Cavalera, llevando las fusiones tribales y la rabia a nuevos niveles.
Hoy, Andreas Kisser sigue afirmando que las puertas no están completamente cerradas, pero que solo se daría una reunión si existieran condiciones adecuadas y, sobre todo, un clima de confianza. Max Cavalera, a veces con un tono más conciliador y otras con palabras duras, se mantiene reacio a lo que considera “un circo mediático” para satisfacer la curiosidad de algunos fans. Mientras tanto, la banda conocida como Sepultura continúa publicando material, como Quadra (2020), que recibió buenas reseñas y demostró que, aunque el nombre arrastre décadas de polémicas, sigue viva la pasión por innovar en el metal.

La división de los Cavalera no fue solo un tema de egos, sino de una profunda brecha causada por la muerte de un ser querido, disputas en la gestión de la banda y visiones artísticas diferentes. La escena metal perdió la oportunidad de ver a esa formación icónica en acción por más tiempo, pero ganó varios proyectos que han ofrecido discos reseñables. Pese a todo, la historia de Sepultura permanece como un referente ineludible del metal sudamericano, y las discusiones sobre quién detenta la “verdadera esencia” no han sido obstáculo para que su legado continúe inspirando a jóvenes músicos que ven en estos brasileños un ejemplo de perseverancia y evolución dentro de la música extrema.

