Muere Ozzy Osbourne: se apaga una leyenda, nace un mito

El heavy metal está de luto. Este 22 de julio de 2025, el mundo ha perdido a uno de sus pilares fundamentales: Ozzy Osbourne, vocalista original de Black Sabbath y figura clave en la creación del metal tal como lo conocemos, ha fallecido a los 76 años, según ha confirmado su familia mediante un comunicado oficial. «Con más tristeza de la que las meras palabras pueden transmitir, tenemos que informar de que nuestro querido Ozzy Osbourne ha fallecido esta mañana. Estaba con su familia y rodeado de amor. Pedimos a todos que respeten la privacidad de nuestra familia en estos momentos».

John Michael Osbourne, nacido en Birmingham (Reino Unido) en 1948, fue mucho más que un cantante: fue un símbolo viviente de la transgresión, la oscuridad y la locura controlada que el metal abrazó desde sus raíces. Su voz aguda, espectral y emocionalmente desgarradora se convirtió en la marca registrada de una banda que cambió las reglas del rock para siempre: Black Sabbath.

Junto a Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward, Ozzy grabó discos como Black Sabbath (1970), Paranoid (1970), Master of Reality (1971) o Vol. 4 (1972), verdaderos tratados de alquimia sonora que mezclaban doom, blues, psicodelia y el miedo primario. Sin él, no existiría ni el black metal, ni el doom, ni el sludge, ni el heavy tradicional. Él fue el eco de una nueva oscuridad que se alzaba desde las fábricas de Birmingham como un grito contra el orden establecido.

En 1979, tras años de excesos y conflictos internos, Ozzy fue expulsado de Sabbath. Pero lejos de apagarse, resurgió como un demonio más fuerte. Blizzard of Ozz (1980) lo catapultó como solista, iniciando una carrera gloriosa en la que brillaron discos como Diary of a Madman, Bark at the Moon, No More Tears y Ozzmosis. Su banda solista, que incluyó genios como Randy Rhoads, Jake E. Lee y Zakk Wylde, ayudó a definir el sonido del metal de los 80 y 90.

Pero Ozzy era más que música. Fue un icono cultural. Su participación en el reality The Osbournes lo convirtió en una figura global, entre lo caricaturesco y lo entrañable. A lo largo de los años, libró batallas contra las drogas, el alcohol, enfermedades como el Párkinson, y múltiples operaciones. A pesar de todo, jamás dejó de ser metal: se mantuvo firme, creando, girando, rugiendo con esa voz rota que el tiempo nunca logró domar.

Con su muerte se apaga una antorcha sagrada. Pero su legado es inmortal. Ozzy Osbourne es el tipo de artista que trasciende géneros, décadas y estilos. El que, sin saber cantar en el sentido técnico, inventó una nueva forma de expresión vocal. El que, con sus pasos erráticos y mirada perdida, caminaba con más determinación que muchos. El que no necesitó grandes palabras para decirnos que había nacido para el metal, para el caos… para reinar entre las tinieblas.

Hoy, los cuernos se alzan en señal de respeto. El mundo del metal entero se arrodilla. Ozzy no ha muerto. Se ha transformado en mito. Y como tal, vivirá para siempre en cada riff oscuro, cada alarido, cada lágrima negra que surja desde lo más profundo del alma metálica.

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“No morirá jamás quien forjó la oscuridad con su voz. Ozzy, eterno en el eco del metal.”

Y para terminar un homenaje de parte de nuestro colaborador «Último abismo» y de todo el equipo de Metal Extremo