Puntuación
Reseña editorial
En 2011, cuando la mayoría de bandas de grindcore ya había agotado sus fórmulas, Rotten Sound lanzó Cursed a través de Relapse Records con la intención de recordar por qué este género existe: para infligir dolor auditivo sin pretensiones. Los finlandeses esquiva con astucian innovar ni suavizar sus ataques; simplemente perfeccionan la bestialidad, manteniendo esa esencia de intensidad contenida que los define desde sus inicios.
Lo que separa Cursed de otros trabajos del género es la asfixiante densidad de sus composiciones. Donde bandas como Napalm Death construyen atmósfera mediante variaciones rítmicas, Rotten Sound prefiere el asalto permanente: bajos gutturales que reclaman territorio, batería que explota en ráfagas erráticas y guitarras que cortan como vidrio roto. La producción cruda refuerza este efecto, negándose a pulir lo que debe sonar como una infección.
Comparado con trabajos anteriores como Murderworks, Cursed mantiene similar nivel de agresión pero añade capas de experimentación minimalista. Las texturas se vuelven más claustrofóbicas, el tempo varía entre el punk frenético y pasajes que casi alcanzan lo doom. Es un álbum que exige oyentes dispuestos a sumergirse en la inmundicia sin esperar rescate.
Rotten Sound raramente falla en mantener la intensidad, y Cursed no es la excepción, aunque tampoco marca territorio inexplorado. Para quienes busquen grindcore sin concesiones, este es material obligatorio. Para el resto, probablemente sea demasiado venenoso incluso dentro de los estándares del género.