Wolfbastard vuelve con "Satanic Scum Punks", su cuarto álbum, y lo hace exactamente como cabría esperar: sin filtros, sin postureo y sin intención alguna de suavizar su propuesta.
La banda británica lleva tiempo moviéndose en ese terreno sucio donde el black metal se cruza con el crust punk, y en lugar de refinar su sonido con los años, han optado por lo contrario: hacerlo todavía más directo, más macarra y más incómodo. Lo suyo no va de atmósferas ni de complejidad, va de impacto inmediato.
Este nuevo trabajo es un buen resumen de lo que son Wolfbastard: riffs rápidos, ritmos acelerados, voces escupidas más que cantadas y una producción que mantiene ese punto crudo que les da identidad. No hay espacio para adornos ni para experimentos innecesarios, aquí todo entra a la primera o no entra.
"Satanic Scum Punks" no pretende reinventar nada, ni falta que le hace. Es un disco pensado para funcionar desde el primer minuto, con temas cortos, agresivos y con ese toque de mala leche que conecta directamente con el lado más punk del metal extremo.
En un panorama donde muchas bandas buscan sonar más grandes o más técnicas, Wolfbastard siguen apostando por lo básico: actitud, velocidad y cero concesiones. Y ahí es donde encuentran su sitio.

