Puntuación
Reseña editorial
Un álbum titulado Alcohol y gasolina en 2023 sugiere combustible y resaca, pero Velocidad 22 nunca fue banda de titulares provocadores sin sustancia. Editado por Metalcoholización Records, este full-length llega en un contexto donde el heavy metal argentino clásico sigue buscando espacio en un mercado saturado de extremismo sin memoria. La pregunta es directa: ¿qué tiene para decir una banda que construye su identidad sobre la claridad y la austeridad sonora en tiempos donde la producción cruda se confunde con la pereza?
El trabajo de Velocidad 22 mantiene su seña de identidad: riffs de guitarra cerrados que avanzan sin capas innecesarias de distorsión, permitiendo que cada acorde respire dentro de progresiones menores deliberadas. La batería marca tiempos rectos, sin florituras. Esa textura cruda es coherente con su trayectoria, donde la austeridad no es debilidad sino herramienta. El álbum dialoga naturalmente con bandas de corte similar que han optado por la precisión sobre el volumen, priorizando la arquitectura sobre el ruido.
Lo incómodo de Alcohol y gasolina es que no intenta reconciliación entre extremo y clásico: simplemente ignora esa fricción. ¿Alcanza eso para justificar un disco entero, o apenas para sostener una postura? La respuesta probablemente dependa de cuánto toleres la repetición metodológica como forma de verdad musical.