Puntuación
Reseña editorial
Treinta y cuatro años de carrera y Torturer sigue siendo un nombre que genera más encogimientos de hombros que genuflexiones. Torturer (2013) llega en un momento donde la banda chilena ya ha probado casi todo: la paciencia de sus oyentes, la resistencia de Australis Records, y su propia capacidad para sostenerse sin convertirse en institución. Es un álbum que existe en el espacio incómodo donde las décadas de experiencia no garantizan relevancia, y donde la coherencia puede ser sinónimo de invisibilidad.
El material que compone este trabajo mantiene los elementos que definen a Torturer: metal extremo sin concesiones, construido sobre bases firmes pero sin aspiraciones a la novedad. La ejecución es competente, la intención clara, el resultado funcional. Sin embargo, Torturer 2013 no rompe el patrón ondulante que caracteriza la discografía de la banda. Comparar esto con los trabajos más consistentes de sus contemporáneos como Sarcófago resulta ilustrativo: donde otros encontraron formas de evolucionar dentro de sus limitaciones, aquí hay poco que sugiera un movimiento hacia adelante.
¿Qué mantiene a una banda funcionando tres décadas sin nunca alcanzar la estatura que su tiempo de servicio parecería garantizar? Torturer no responde esa pregunta, pero la plantea cada vez que suena. Es un disco para quienes ya conocen el trabajo de la banda, no para quienes busquen descubrirla.