Puntuación
Reseña editorial
Una banda chilena que lleva más de una década en activo lanza su tercer álbum en 2003, y nadie se inmuta. Torturer había comenzado su trayecto en 1989 con la premisa de hacer metal extremo sin aspavientos, pero para el momento en que The Flames of Purification vio luz bajo el sello Rawforce Productions, la escena internacional ya había decidido mirar hacia otros lados. Lo paradójico no es que sean malos—nunca lo fueron—sino que la coherencia nunca fue suficiente para romper el aislamiento geográfico y comercial que define a tantas bandas del extremo.
Este full-length mantiene la línea ondulante que caracteriza a la banda: momentos de verdadera tensión y oscuridad alternando con tramos que no dejan marca duradera. El metal extremo que proponen aquí responde a las convenciones del género sin pretender reinventarlas, lo cual es tanto su fortaleza como su limitación. No hay aquí la angularidad de Sadistik Exekution ni la crudeza territorial de sus propios compatriotas. Lo que existe es competencia técnica y cierto instinto por lo turbio, suficiente para sostener un álbum pero no para traspasar fronteras que ya estaban cerradas.
¿Por qué una banda que mantuvo disciplina durante catorce años no logró ni siquiera ser nota al pie en las historias del metal chileno? Quizá porque la ondulación, al final, es indistinguible del estancamiento cuando se ve desde afuera. The Flames of Purification merece ser escuchado, pero probablemente no será.