Puntuación
Reseña editorial
Cuando Murder of Crows comienza, el sonido llega denso y directo. Los primeros minutos establecen una tensión clara: hay velocidad, pero no la carrera desenfrenada que define el thrash ochentero. La voz irrumpe con rabia controlada, anclada en el metal extremo que domina la escena chilena. El peso del sonido es real, sin pretensiones de limpieza o claridad extrema. Lo que escuchas es una banda que conoce su territorio y lo pisa con seguridad.
Nuclear ha rechazado la fórmula repetida durante dos décadas, y aquí eso se nota en cómo rompen sus propias expectativas. El disco oscila entre momentos de tensión acumulada y descargas directas, sin depender de la agilidad técnica que heredaron de Annihilator. En cambio, la composición apunta a la construcción de atmósfera y a una rabia que suena local, vinculada a la subterránea. Las decisiones compositivas reflejan una banda que ha vivido suficiente como para saber qué decir sin decirlo todo de una vez.
En 2024, este disco resuena porque no intenta ser lo que el metal extremo fue, sino lo que puede ser. Su valor está en cómo una banda nacida en 2003 mantiene la relevancia sin imitarse a sí misma. Para quien busque el pulso actual del metal extremo latinoamericano, Murder of Crows es registro necesario.