Puntuación
Reseña editorial
Una banda argentina que decidió ralentizar el metal a principios de los 2000 vuelve en 2013 con Omega Pentagram, diez años después de Luciferatu. La pregunta que flota es incómoda: ¿qué pasa cuando el doom y la progresión se encuentran en el mismo cuarto durante una década? ¿Se refuerzan mutuamente o terminan anulándose? Dragonauta lo enfrentó desde Argentina, territorio donde el metal extremo tiende a ser más visceral que ornamental.
El álbum mantiene la tensión que definió sus inicios: la hipnosis del doom convive con quiebres de black metal corrosivo, aunque con más conciencia estructural que en grabaciones anteriores. Las progresiones abren grietas en la densidad, y la lentitud ignora las convenciones de aplastar sino inquietar. Sin embargo, en ciertos pasajes la ambición compositiva se detiene en la intención, sin alcanzar la cristalización necesaria. El resultado es un trabajo que respeta la dualidad oscura que Dragonauta plantó años atrás, aunque sin la urgencia que caracterizaba Luciferatu. Comparable en espíritu a bandas que exploran el cruce entre doom progresivo y atmósferas desasosegantes.
Omega Pentagram sugiere una pregunta más profunda: ¿puede el metal extremo envejecer sin perder su filo? Los de Dragonauta ofrecen una respuesta parcial, sin certezas definitivas.