Puntuación
Reseña editorial
Demons of Lust confirma que Death Yell entiende bien la lección que aprendió del black metal nórdico, pero se niega a ser rehén de ella. Este álbum de 2025 ignora las convenciones de la hipnosis glacial de Ulver o Emperor, sino algo más visceral: toma esa frialdad escandinava, la inocula con el peso orgánico del death metal más crudo, y deja que ambas fuerzas se desgarren mutuamente sin tregua. El resultado es un disco que funciona precisamente porque rechaza la pulcritud, porque el caos y la precisión se pisotean en lugar de coexistir con educación. Para una banda chilena, esto representa una declaración de intención clara: no venimos a ser europeos, venimos a sabotear su fórmula desde adentro.
Lo que funciona es la textura del ataque: guitarras que suenan como metal oxidado siendo torturado, una sección rítmica que genera fricción más que groove. Death Yell no cede en la velocidad, pero tampoco se entrega a ella ciegamente. Las limitaciones surgen cuando el álbum confunde densidad con dirección, cuando la crudeza se convierte en barrera para la retención. Aun así, hay suficiente sustancia bajo el ruido como para justificar el esfuerzo.
Veredicto: un disco que merece audiencia entre devotos del metal extremo que no necesitan que les sostengan la mano. No es un trabajo de transición ni un experimento fallido; es Death Yell siendo exactamente lo que prometió ser en su biografía. Recomendado para fans de A Blaze in the Northern Sky que también respeten el death metal visceral.