Puntuación
Reseña editorial
En 1995, Black Sabbath entregó un disco que nadie pidió ni esperaba: Forbidden, editado por I.R.S. Records en tiempos donde la banda ya había agotado su relevancia comercial. Con Ozzy fuera del proyecto y una alineación tambaleante, el álbum se sumerge en un doom metal pesado pero desigual, donde los riffs lentos conviven con decisiones vocales cuestionables que restan credibilidad. El sonido general resulta apagado y cavernoso, reflejando una banda que buscaba mantener vigencia sin recursos ni brújula compositiva clara.
Lo que salva parcialmente este trabajo es el compromiso con la velocidad lenta y la densidad sonora del doom clásico. Comparado con obras como Lost Paradise de Paradise Lost, Forbidden carece de la cohesión melódica y la atmósfera envolvente que caracteriza a sus contemporáneos del género. Saint Vitus hizo un trabajo infinitamente superior en la misma década, manteniendo la oscuridad sin perder la pegadiza de riffs primordiales. Aquí, los intentos de Black Sabbath por sonar moderno termina diluyendo su identidad legendaria.
La producción industrial y fría del disco acentúa las limitaciones vocales y la falta de cohesión entre los miembros. Donde Sabbath brillaba con riffs que destrozaban, aquí obtuvimos ejercicios técnicos sin alma. El heavy metal pesado que proponen se siente más como un acta de supervivencia que como una declaración artística genuina, situándose muy por debajo de sus propios estándares.
Forbidden es un capítulo oscuro pero inevitable en la discografía de Black Sabbath. Recomendado solo para coleccionistas obsesivos y académicos del metal que necesiten completar su catálogo. Para el resto, existen decenas de discos de doom superiores que merecen tu atención y dinero.