Puntuación
Reseña editorial
Un álbum con ese título llegaba en 2009 desde Japón bajo el sello Nuclear War Now! Productions, portando toda la irreverencia que su nombre sugería. Abigail se mantiene al margen deba seducción ni sofisticación: buscaba la fricción pura entre riffs de guitarra convertidos en armas de repetición y una asfixia vocal que parecía extraída de lugares que la música no debería habitar. El black metal japonés había encontrado en esta banda un vehículo sin pretensiones estéticas.
Lo que define este trabajo es precisamente lo que la biografía de la banda deja claro: la afinación grave funciona no como decoración sino como herramienta de hipnosis involuntaria, mientras la batería martilla patrones que abrazan la monotonía deliberada. Los registros vocales alcanzan tonalidades nasales que erosionan cualquier dignidad, cualquier distancia entre el oyente y la incomodidad. Comparado con trabajos contemporáneos del black metal de culto como los de Teitanblood o Grave Miasma, Abigail rechaza incluso la claridad relativa que otros mantienen. Aquí no hay ornamentación que salvaguardar.
¿Qué ocurre cuando una banda decide que el incómodo es el único criterio válido? Sweet Baby Metal Slut responde sin ironía. Su título es una provocación contra el marketing, contra el buen gusto, contra la profesionalidad. Ya sea un acto de libertad o de aislamiento deliberado, el disco permanece en ese territorio ambiguo donde la transgresión y la sinceridad se vuelven indistinguibles. Blasphemy alcanzó lugares similares por otros caminos.