Amfest 2019

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amfest 2019

En su octava edición, y por segundo año consecutivo, la organización decidió apostar por la Fabra i Coats y conceder al antiguo recinto fabril del barrio de Sant Andreu de Barcelona el privilegio de acoger el ambicioso cartel de bandas programadas. El encanto y autenticidad de la sala principal —donde se encontraban los escenarios 1 y 2— es innegable y, aunque es cierto que hay quien se queja de que las columnas que aguantan la estructura del edificio dificultan un tanto la visión, ese insoslayable inconveniente quedó ampliamente compensado por una adecuada distribución del espacio dedicado a escenarios, público y barras. Para el tercer escenario se habilitó una sala contigua, que resultó acogedora aunque algo calurosa, máxime cuando estaba prohibido entrar con bebidas, decisión un tanto sorprendente a pesar de que estuviera motivada, al parecer, por el cuidado del suelo. Una zona exterior, habilitada para disfrutar de la oferta gastronómica de varias foodtracks, y otra interior, separada de los escenarios, con una barra adicional frente al merchandising y con mesas, sofás y sillas (¡una auténtica bendición que se echa en falta en otros eventos como este!), completaron el mapa del territorio.

Vista exterior de la Fabra i Coats
Vista exterior de la Fabra i Coats

Los problemas generados el año pasado por el estancamiento del aire se solucionaron instalando potentes ventiladores cuyo zumbido, a priori posible fuente de molestias, fue engullido por la potencia atronadora del equipo de sonido, a la altura de las circunstancias. Uno esperaría que una antigua fábrica, diseñada para propósitos totalmente ajenos al de un festival musical, tuviera una acústica deficiente, con el sonido rebotando por todas partes y “haciendo bola”; sin embargo, esto no se notó en absoluto a lo largo del Amfest, cosa que agradecieron los incondicionales de las propuestas más extremas y distorsionadas en las que, incluso en buenas grabaciones, es complicado distinguir ciertas sutilezas rítmicas, melódicas o armónicas. Pero no, se escuchó todo de manera más que aceptable, dejando sin argumentos a los críticos dispuestos a etiquetar cualquier cosa como ruido a las primeras de cambio.

El cumplimiento de los horarios fue la tónica general a lo largo del festival y el viernes por la tarde, a las cinco en punto, se plantaron en el escenario principal los Tides of Man. Si existiera un manual de cómo hacer post-rock, los de Tampa lo habrían seguido al pie de la letra. Fue un directo impecable, lleno de esa densidad nostálgica que caracteriza al género, con momentos muy intimistas resueltos con crescendi casi épicos: una auténtica gozada. De hecho, mientras tocaban, flotaba en el ambiente la sensación de que los podrían haber programado perfectamente en prime time.

Tides of Man
Los integrantes de Tides of Man

Así pues, con las expectativas muy altas, la atención se centró en el escenario secundario, por donde pasó un vendaval llamado Portrayal of Guilt. Esta novísima formación tejana desplegó una energía y agresividad sorprendentes, haciendo gala de la etiqueta screamo que se les cuelga, es decir, salvajismo vocal en un contexto caótico de hardcore y punk extremos. Los cambios de ritmo y la yuxtaposición de breves momentos acústicos en un mar de distorsión y paroxismo dejaron a todo el mundo con la sensación de no saber qué demonios había pasado.

Portrayal of Guilt
Distorsionados: así nos quedamos todos.

Sin apenas tiempo para sacudirse el aturdimiento que provocó esta apabullante actuación, los polacos Tides From Nebula aparecieron en plan balsámico, con su hipnótica y elegante propuesta de fusión. En esencia, podría incluirse a estos músicos de Varsovia en la escena post-rock europea, aunque la proporción de electrónica en sus composiciones es mayor de lo habitual en ese género. El gusto y la precisión con que estos polacos insertan las guitarras en un ambient melancólico es realmente emocionante. Si uno cerraba los ojos y se dejaba llevar había momentos en que era complicado decidir si estaba en una rave o en un concierto de rock. Impresionante.

Tides From Nebula
Tides From Nebula en plena faena en L’Usine, Ginebra, el 7 novembre de 2012

Luego fue el turno de Brutus, un trío belga con la estimulante presencia de una mujer en la batería. Pero cuando empezó el concierto resultó que ella también se encargaba de la parte vocal, ¡y de qué forma! Las facultades de Stefanie Mannaerts son realmente portentosas: la calidez de su timbre y unas melodías con ecos de folk actúan como raro contrapunto en la atractiva frialdad de un post-rock envuelto, como de costumbre, en toneladas de reverb. Esto, junto al hecho de que la mayoría de temas son bastante cortos, otorga al sonido de Brutus un edulcoramiento bien medido, no empalagoso, y dota a su propuesta de una gran originalidad. Habrá que estar muy atentos a la evolución de este grupo, capaz sin duda de conquistar sectores mucho más comerciales.

Brutus
Imagen promocional del trío belga

Y por fin, ya entrada la noche, uno de los platos fuertes del festival: los californianos Deafheaven. Seguramente, si llegara a oídos de algún fanático adorador del tenebroso Inner Circle que estos tipos hacen black metal, intentaría pasarlos a cuchillo a ellos y a todos nosotros. En sus composiciones abundan pasajes intensísimos de agresivas guitarras y veloces blast-beats que no tienen nada que envidiar a los de grupos escandinavos de los noventa, clásicos del género. Sin embargo hay más, mucho más, y ese plus, por mucho que se lamenten los guardianes de la ortodoxia, es muy estimulante: atmósferas melancólicas de post-rock, mezcla de dulzura y oscuridad de shoegaze… todo amalgamado por una voz desgarrada y atormentada que convierte el directo de la banda en una experiencia única.

Deafheaven
Los intensos Deafheaven dándolo todo

Con respecto al día anterior, el sábado fue un día que destacó por la diversidad de sus propuestas, la mayoría de ellas tan inclasificables como llamativas. En el escenario 2, Los Sara Fontán demostraron que el minimalismo instrumental puede abarcar muchísimo. El sonido del violín de Sara, filtrado por multitud de efectos y apoyado por la precisa batería de Edi, exploró sin ningún tipo de ataduras un espacio musical muy amplio. No es fácil improvisar huyendo de la tiranía de los estilos, pero este dúo sorprendente demostró que la fusión no es una mera suma o mezcla sino el arte de la simultaneidad.

Casi sin solución de continuidad, en la pequeña sala contigua habilitada para el tercer escenario, actuó Punta Laberinto, un proyecto con el que Patricia Usero se ayuda de sintetizadores modulares e instrumentos construidos por ella para experimentar en el mundo del ambient. El fruto de su investigación durante la actuación evocó atmósferas desoladas, parajes tétricos, extrañeza e inquietud. Fueron unos 45 minutos interesantes a bordo de la Nostromo.

Y llegó uno de los momentos más esperados de este Amfest: la resurrección de 12Twelve, que tal vez habría merecido ser programada en un horario más destacado, aunque hubo mucha expectación para presenciar el jazz experimental del cuarteto español. No se anduvieron por las ramas y se tocaron enterito Speritismo —seguramente su mejor trabajo— y algún que otro tema de L’univers.

12Twelve
Los barceloneses 12Twelve, grupo de culto

La franja horaria privilegiada fue en este tercer día de festival para Zeal & Ardor, una banda suiza de sonido eléctrico y pesado en el que domina un metal lento y contundente y perviven reminiscencias del soul y del folk nórdico. A pesar de la aparente contradicción de esos ingredientes, defendieron dignamente los temas de sus dos trabajos publicados hasta la fecha, con la voz principal y los teclados de Manuel Gagneaux, arropada por unas segundas voces sencillas pero efectivas.

Zeal & Ardor
Zeal & Ardor con sus habituales capuchas

De nuevo en la salita del tercer escenario, se pudo escuchar la propuesta de Myoboku, otro dúo de sonido experimental con una receta originalísima en la que conviven elementos de la música electrónica, el pop y el jazz, todo ello condimentado con una voz femenina fresca y juguetona.

Lo que ocurrió a continuación en el escenario principal fue digno de ver: el post-metal de los Pelican conectando con la intensidad instrumental del día anterior. Estos tipos de Chicago vinieron a presentar su último disco, Nighttime Stories, con una colección de riffs machacones que hicieron las delicias de los headbangers, y ofrecieron un espectáculo de una potencia y sinceridad difícilmente igualables. Sus composiciones tienen la duración y la estructura exactas, lo cual redundó en una actuación de una coherencia envidiable, donde cupieron tanto la caña austera y directa como una cierta complejidad melódica.

Pelican
Pelican dando candela ya en 2006

La verdad es que es difícil expresar la satisfacción que produce el éxito rotundo de un festival de estas características, que cede la palabra sin contemplaciones a la experimentación musical en las fronteras del rock y el metal, con propuestas arriesgadas y minoritarias, aunque de un interés y una calidad fuera de toda duda.